Alex Pereira ha escogido una manera bastante peligrosa de averiguar si todavía tiene futuro en el peso completo.
Su pelea contra Sergei Pavlovich, anunciada para el 12 de diciembre en UFC 335, en Las Vegas, le ofrece una oportunidad de recuperar terreno, pero también puede dejarlo sin argumentos para seguir persiguiendo un tercer campeonato. Será un combate coestelar a cinco asaltos y, para el brasileño, una prueba que exige bastante más que su famosa mano izquierda.
De entrada, el cruce tiene sentido deportivo. Pereira viene de perder por nocaut ante Ciryl Gane en su debut en la división, durante la cartelera de junio en la Casa Blanca. Pavlovich, por su parte, ha reconstruido sus aspiraciones con tres victorias consecutivas después de las derrotas frente a Tom Aspinall y Alexander Volkov.
Ninguno puede vivir solamente de lo que hizo antes y ambos necesitan un triunfo que los acerque al cinturón. La UFC ha juntado esas dos urgencias en una pelea con evidente atractivo para el público.
DEMASIADO RIEGO Y ALTA RECOMPENSA
Ahora bien, una pelea puede ser correcta para la clasificación y demasiado arriesgada para el momento de un atleta. Si el propósito era darle a Pereira espacio para acomodarse a su nueva categoría, Pavlovich representa una elección durísima. Si la intención es comprobar cuanto antes si puede competir con los mejores pesos completos, entonces el ruso es un examen legítimo.
Mi impresión es que la UFC ha apostado por resolver esa pregunta de inmediato, con el beneficio añadido de vender un choque entre dos hombres capaces de terminarlo con un golpe.
Pavlovich plantea un problema distinto al de Gane. Su amenaza nace de la presión, de los golpes rectos y de la facilidad con que convierte una entrada en una sucesión de manos.
Ante él, Pereira tendrá que cuidar especialmente lo que sucede después de conectar. Quedarse delante para admirar el trabajo, retroceder en línea recta o aceptar un intercambio demasiado largo puede costarle la noche. En esta división, el margen para corregir un error durante la propia pelea resulta muy pequeño.
Eso tampoco significa que el brasileño esté condenado. Desde una lectura táctica, Pavlovich ofrece oportunidades para alguien con la precisión y la experiencia de Pereira en el combate de pie.
Las patadas bajas pueden dificultarle las entradas; los amagos pueden hacerlo atacar antes de tiempo, y el gancho de izquierda sigue siendo una respuesta peligrosa contra un rival que avanza. La clave estará en preparar ese golpe y conservar espacio para salir. Buscarlo desesperadamente sería entregarse al tipo de pelea que más le conviene al ruso.
Los cinco asaltos añaden otra exigencia. Pereira necesita un plan que funcione aunque el nocaut no aparezca temprano, pero tampoco puede construirlo sobre la esperanza de que Pavlovich se desgaste solo.
Habrá que hacerlo fallar, obligarlo a recomenzar sus ataques y cobrarle cada avance. Todo eso demanda disciplina cuando el instinto pide responder con fuerza. Para el brasileño, esta pelea puede depender tanto de su paciencia como de su pegada.
Hay, además, una diferencia entre subir de categoría y trasladar a ella todas las ventajas que se tenían antes. Pereira puede conservar su potencia y su conocimiento de las distancias, pero encontrará rivales cuya fuerza también le obliga a cambiar decisiones.
Su capacidad para hacer daño merece respeto; su capacidad para imponer condiciones entre estos hombres todavía necesita demostración. El prestigio ganado en el mediano y el semicompleto abre puertas, pero no resuelve lo que sucede cuando se cierra la jaula.
UNA DERROTA SERÍA ALGO DEMASIADO DURO PARA POATAN
¿Una derrota acabaría con su carrera? Sería precipitado afirmarlo. Pereira ya construyó una trayectoria que no desaparece por dos resultados adversos, y cualquier decisión sobre su continuidad dependería también de cómo termine el combate y de lo que él quiera hacer después.
Sin embargo, otra derrota contundente sí debilitaría mucho el proyecto en el peso completo. Después de caer ante dos contendientes de primer nivel, resultaría difícil sostener que está cerca de conquistar esa tercera división. Regresar al semicompleto sería una alternativa que merecería una conversación seria.
También importa cómo se pierde. Una pelea competitiva, en la que Pereira consiga imponer parte de su estrategia, dejaría una lectura distinta a una detención temprana sin respuestas.
Y una victoria cambiaría de inmediato el panorama: vencer a Pavlovich demostraría que su presencia entre los pesos completos tiene sustento deportivo. Sería un argumento mucho más fuerte que cualquier promoción construida alrededor de su nombre.
Por eso considero que es la pelea correcta para medir sus aspiraciones, aunque sea una elección muy severa para reconstruirlas. Pereira ha aceptado un rival que puede acercarlo otra vez al campeonato o forzarlo a revisar el camino.
El 12 de diciembre tendrá que demostrar que sabe hacer algo más que golpear fuerte entre los grandes: controlar una pelea cuando el hombre de enfrente también tiene poder para terminarla. Ahí se decidirá cuánto futuro le queda a su sueño de un tercer cinturón.



