Andy Cruz haría bien en mirar la pelea de Alberto Puello contra Dalton Smith con la misma atención con que estudia a su próximo adversario.
El dominicano salió de Sheffield con una derrota por decisión dividida y razones para discutir el resultado. El cubano, cuya oportunidad mundialista se perfila en Rusia, debería quedarse con una preocupación muy concreta. En casa ajena, una ventaja pequeña puede resultar demasiado frágil.
Smith conservó su corona superligera del Consejo Mundial de Boxeo con dos tarjetas de 115-113 a su favor, mientras el tercer juez vio ganar a Puello 116-112. Basta leer esos números para entender lo delicado del asunto.
Donde uno encontró una superioridad apreciable del visitante, otros dos vieron imponerse al campeón local. En esa diferencia de criterios caben años de preparación y una oportunidad que quizá no vuelva en las mismas condiciones.
LA DELGADA LÍNEA ENTRE VERDAD Y FALSEDAD
Una decisión cerrada no demuestra, por sí sola, que hubo un robo. Tampoco obliga a mirar hacia otro lado cuando hablamos del peso de la localía. El boxeo permite interpretar lo que sucede dentro del ring, y los asaltos parejos son terreno fértil para la discusión.
Un golpe del favorito levanta a la grada; una respuesta del visitante puede recibir un silencio de biblioteca. El ruido no debería entrar en las tarjetas, pero el hombre que sostiene el lápiz trabaja rodeado de él.
Por eso lo sucedido a Puello merece un lugar en la preparación de Andy. Si termina enfrentando a Artur Subkhankulov en Rusia, como se prevé para noviembre, tendrá que competir con la conciencia de que cada asalto entregado a la duda puede complicarle la noche.
La pelea por el cinturón ligero vacante de la Federación Internacional de Boxeo fue ordenada por el organismo; la posibilidad de celebrarla el 27 de noviembre en Ufá ha formado parte de los planes del equipo ruso.
No tenemos una regla que permita afirmar que en Rusia una tarjeta será necesariamente peor que en Inglaterra. Sí tenemos motivos deportivos para exigirle al equipo del cubano la máxima previsión ante una pelea en el entorno de su contrario. Hay demasiado en juego para viajar confiado en que cualquier ventaja, por estrecha que sea, quedará reflejada con exactitud.
UNA VIRTUD QUE PUEDE SER CONTROVERSIAL
Andy posee una virtud que también puede convertirse en una tentación. Su facilidad para hacer fallar, encontrar espacios y responder con precisión le permite resolver intercambios con una economía admirable.
A veces parece que necesita menos esfuerzo que el otro para demostrar quién sabe más. El problema aparece cuando esa superioridad técnica produce admiración, pero no una diferencia suficientemente visible en el asalto.
Hacer fallar tiene valor defensivo. Después hay que cobrar. Si esquiva tres golpes y responde con uno limpio, convendría que encuentre la manera de añadir el segundo y el tercero cuando la oportunidad lo permita.
Que sus desplazamientos lo coloquen en posición de atacar, que el jab interrumpa al rival y que las combinaciones dejen una impresión reconocible. No puede descansar en la satisfacción de saber que el contrario apenas lo toca.
EL DILEMA DE BUSCAR EL KO A TODA COSTA
Tampoco se trata de pedirle que se vuelva loco buscando un nocaut. Sería un pésimo consejo para un hombre cuyo principal patrimonio es precisamente la inteligencia.
Salir a intercambiar por miedo a las tarjetas puede regalarle al adversario la pelea que necesita. Andy debe ganar con sus herramientas, pero usándolas con continuidad, intención y una dosis de autoridad que reduzca los espacios para la discusión.
Ahí tendrá trabajo su esquina. En una noche así, el entrenador necesita llevar una cuenta prudente, advertir cuándo un round estuvo demasiado cerca y exigir ajustes antes de que la incertidumbre se acumule.
Decirle al peleador que todo marcha de maravilla puede sonar tranquilizador entre asaltos; descubrir después que dos jueces llevaban otra cuenta resulta bastante menos agradable.
Y conviene respetar a Subkhankulov. Presentar el viaje como una pelea exclusivamente contra los jueces sería empezar mal. Delante habrá un boxeador que también quiere ser campeón y que buscará imponer sus condiciones. Cuanto mejor resuelva Andy ese problema real, menos dependerá de los problemas que hoy podemos anticipar alrededor del ring.
Puello no tiene la culpa de que el boxeo le exija al visitante una claridad que debería reclamarles a todos por igual. Pero su derrota deja una advertencia útil para el cubano.
Andy debe prepararse para ganar los primeros minutos, sostener el trabajo en los intermedios y cerrar cada asalto sin darlo por hecho. Si finalmente va a Rusia, le conviene llevar en la maleta un plan para que su superioridad se vea desde las tres sillas.



