Cuando una recta de 100.2 millas por hora de Bubba Chandler le fracturó la mano izquierda el pasado 21 de agosto, Andy Pagés atravesaba la temporada que definitivamente lo había colocado en otra dimensión dentro de los Dodgers de Los Ángeles.
No era solamente que estuviera bateando .272, con 21 jonrones, 80 impulsadas, 12 bases robadas y un OPS de .796. El cubano había comenzado a demostrar algo mucho más importante: que podía ser una pieza estable dentro de una constelación repleta de estrellas y hacerlo aportando en los dos lados del juego.
Cuando cayó lesionado, acumulaba 3.9 fWAR y estaba empatado con Yoshinobu Yamamoto con el segundo mejor registro del equipo, únicamente detrás de Shohei Ohtani.
Por eso la gran pregunta no era solamente cuándo regresaría, sino cómo regresaría.
Una fractura en la mano de un bateador nunca es un asunto menor. Pagés necesitó un procedimiento en el que le colocaron un tornillo de compresión para acelerar la recuperación y estuvo fuera durante 27 partidos.
Los Dodgers decidieron incluso devolverlo directamente al equipo grande, sin una asignación de rehabilitación en las Menores, después de probarlo en juegos simulados. Era, de alguna manera, una apuesta contra el reloj.
Y hasta ahora Pagés está respondiendo.
Después de conseguir tres imparables y un doble en su segundo partido tras regresar de la lista de lesionados, el cubano volvió a ofrecer una señal todavía más alentadora este viernes frente a los Gigantes de San Francisco. Ante Yunior Marte, Pagés castigó un lanzamiento y lo mandó por encima de la cerca del jardín izquierdo para su jonrón número 22 de la temporada.
No parece gran cosa dentro de una campaña de 162 juegos. Para un hombre que acaba de regresar de una fractura en la mano que sostiene el bate, significa bastante más.
Pagés necesitaba comprobar que podía volver a soltar las manos sin miedo, que la fuerza continuaba allí y, sobre todo, que aquel mes de ausencia no había borrado completamente el ritmo construido durante una temporada extraordinaria.
Y aquí está quizás la parte más interesante de su regreso. Los Dodgers no necesitan que Pagés vuelva desesperado por demostrar que es una estrella. Necesitan que vuelva siendo exactamente el jugador que era antes de lesionarse.
Porque su transformación en 2026 había comenzado mucho antes de la fractura. Durante los primeros meses de la campaña llegó a colocarse entre los jugadores de posición más valiosos de las Grandes Ligas y convirtió en respuestas muchas de las preguntas que habían quedado después de una complicada postemporada de 2025.
Pagés trabajó durante el invierno en el reconocimiento de pitcheos utilizando la máquina Trajekt y los resultados fueron evidentes: comenzó a golpear la pelota con mayor autoridad y a producir contra diferentes tipos de lanzamientos.
Eso cambió también la manera en que los Dodgers comenzaron a verlo.
Durante buena parte de sus primeros pasos en Grandes Ligas había sido el muchacho cubano con poder, brazo y condiciones físicas extraordinarias que intentaba encontrar su sitio dentro del equipo más profundo del béisbol. Ahora estamos hablando de un jardinero central All-Star, capaz de producir 80 carreras, conectar más de 20 jonrones y jugar una posición premium a un nivel defensivo sobresaliente.
Antes de lesionarse se encontraba en el percentil 95 de Grandes Ligas con nueve Outs Above Average en el jardín central. Es decir, su ausencia no dejó solamente un hueco en el lineup. También obligó a Los Ángeles a buscar una solución para una de las posiciones defensivas más importantes del terreno.
Por eso su regreso adquiere otra dimensión justo ahora.
Los Dodgers ya aseguraron el título del Oeste de la Liga Nacional y también el segundo mejor récord del circuito, lo que les garantiza descanso en la primera ronda de los playoffs.
Para ellos, estos últimos partidos no son tanto una carrera por la clasificación como una oportunidad de poner cada pieza en su lugar antes de que comience el béisbol de octubre. Y una de esas piezas se llama Andy Pagés.
Todavía sería apresurado asegurar que la fractura quedó completamente en el pasado después de apenas unos encuentros. El verdadero examen llegará cuando se acumulen los turnos, aparezcan los lanzamientos de alta velocidad hacia adentro y la presión de la postemporada transforme cada aparición en el plato.
Pero las primeras señales difícilmente podrían ser mejores.
El batazo contra Marte fue mucho más que el jonrón número 22 de su temporada. Fue también una pequeña declaración de salud y confianza. La pelota volvió a salir de su bate con autoridad y Pagés volvió a recorrer las bases como si aquel mes perdido hubiera sido apenas una interrupción.
Los Dodgers tienen suficientes estrellas para ganar sin pedirle al cubano que cargue con el equipo. Ohtani, Freddie Freeman y compañía seguirán ocupando los grandes titulares. Pero los campeonatos muchas veces se deciden por esos jugadores que están un escalón fuera del resplandor principal y terminan inclinando una serie con un batazo, una carrera o una atrapada.
Pagés ya sabe algo de eso. Después de sufrir enormemente con el bate durante la postemporada pasada, terminó realizando una atrapada decisiva en el séptimo juego de la Serie Mundial. Ahora llegará a otro octubre convertido en un jugador mucho más completo y con una temporada que confirmó su crecimiento.
La fractura amenazó con quitarle ese momento, pero ahora Pagés parece empeñado en recuperarlo. Y si estos primeros turnos después de la lesión sirven como adelanto de lo que viene, los Dodgers no solamente recuperaron a tiempo a su jardinero central.
Recuperaron a uno de los cubanos que puede tener mucho que decir cuando comience el verdadero campeonato de octubre.



