
lAroldis Chapman acaba de escribir otra página de esas que parecen reservadas para muy pocos: se convirtió en el primer relevista en la historia de las Grandes Ligas en alcanzar los 1,400 ponches. El número no es solamente redondo. Es una frontera que hasta ahora ningún pitcher utilizado primordialmente desde el bullpen había conseguido cruzar.
Y lo más impresionante es que este hito llega apenas unas semanas después de otro que parecía destinado a permanecer durante mucho tiempo en los libros de récords: el pasado 4 de julio, Chapman superó los 1,363 ponches de Hoyt Wilhelm para convertirse en el relevista con más ponches en la historia de las Mayores.
Desde entonces, el zurdo de Holguín no se ha conformado con ser el dueño del récord. Lo está haciendo crecer.
Una carrera que se sigue reinventando
Quizás esa sea una de las partes más fascinantes de la historia de Chapman.
Porque llegar a 1,400 ponches como relevista exige algo más que una recta capaz de superar las 100 millas por hora. Exige durabilidad, capacidad de adaptación, resistencia y, sobre todo, la habilidad para mantenerse vigente cuando el béisbol ya parece haber comenzado a pedirle paso a la siguiente generación.
Chapman debutó en las Grandes Ligas en 2010. Desde entonces ha lanzado para Cincinnati, los Yankees, los Cubs, Kansas City, Texas, Pittsburgh y Boston. Su carrera ha atravesado prácticamente todos los escenarios posibles para un relevista: temporadas dominantes, campeonatos, All-Star Games, récords de velocidad, dificultades de comando, cambios de equipo y hasta el período en que dejó de ser el cerrador principal.
Entre 2022 y 2024, de hecho, parecía que la puerta de los 400 salvamentos podía cerrarse para él. Durante esas tres temporadas tuvo solamente 29 rescates y perdió el puesto de cerrador de los Yankees en 2022. Pero Boston le devolvió la oportunidad de cerrar partidos y Chapman respondió recuperando una versión de sí mismo que muchos pensaban que ya había quedado atrás.
El resultado está a la vista.
El 6 de septiembre, contra Baltimore, consiguió su salvamento número 400 con una recta de 101 millas por hora que terminó en ponche. Se convirtió en apenas el noveno lanzador en la historia de MLB con 400 rescates.
Ahora acaba de poner otra cifra histórica junto a su nombre.
El expediente de Cooperstown crece
Durante años, hablar del Salón de la Fama alrededor de Chapman podía parecer una conversación prematura. Hoy resulta cada vez más difícil evitarla.
No porque un número aislado convierta automáticamente a un jugador en inmortal, sino porque Chapman ha ido acumulando diferentes piezas de un expediente extraordinario.
Tiene 400 salvamentos, una cifra que solamente otros ocho lanzadores habían alcanzado antes que él. En ese grupo aparecen Mariano Rivera, Trevor Hoffman, Lee Smith y Billy Wagner, todos ellos miembros del Salón de la Fama, además de Kenley Jansen, Craig Kimbrel y otros históricos cerradores.
Tiene ahora el récord absoluto de ponches entre los relevistas. Tiene nueve selecciones al Juego de Estrellas. Tiene dos anillos de Serie Mundial.
Tiene el récord del lanzamiento más rápido registrado en la era moderna de las Grandes Ligas, con aquella recta de 105.8 millas por hora que ayudó a convertirlo en un fenómeno mucho antes de que la velocidad extrema se volviera una parte habitual de la conversación alrededor del pitcheo.
Y tiene algo que las estadísticas no siempre pueden medir: una permanencia extraordinaria en un oficio en el que los brazos desaparecen con una rapidez brutal.
Por eso los 1,400 ponches tienen un significado especial. No estamos hablando simplemente de un relevista que ponchó mucho. Estamos hablando del relevista que más ha ponchado en la historia de las Grandes Ligas.
El Misil todavía tiene combustible
Quizás lo más hermoso de esta historia sea que Chapman está alcanzando estos números después de haber atravesado momentos en los que parecía que su carrera estaba entrando en su tramo final.
Boston cambió esa percepción. El propio Chapman ha explicado que recuperar el papel de cerrador le permitió volver a pensar en alcanzar los 400 salvamentos, una meta que durante algunos años había dejado de parecer realista.
Y ahora, con 38 años, el cubano continúa agregando páginas. Primero fueron los 1,364 para superar a Wilhelm. Después llegaron los 400 salvamentos. Ahora son los 1,400 ponches.
Queda observar, entonces, hasta dónde llegará ese legado antes de que finalmente se cierre la puerta del bullpen y comience, para Chapman, otra espera: la de Cooperstown

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