Dana White extendió la mano y Joaquin Buckley lo dejó esperando. Fueron apenas unos segundos, pero alcanzaron para añadirle otra historia a la pelea estelar de Edmonton.
Antes de lanzar el primer golpe contra Mike Malott, Buckley ya había conseguido que se hablara de él. Ahora le falta conseguir lo más difícil: que, cuando termine la noche, sigamos hablando de su actuación.




