A Canelo Álvarez le han ganado asaltos, peleas y cinturones, pero nadie ha conseguido que un árbitro le cuente diez segundos después de mandarlo al piso.
Ni siquiera ha tenido que escuchar el comienzo de esa cuenta. En una carrera tan larga y contra tanta gente que sabe pegar, mantenerse siempre de pie constituye una credencial que merece respeto. También despierta una pregunta ante su encuentro con Christian Mbilli. ¿Puede llegar este sábado la primera caída?
Del otro lado aparece una interrogante que seguramente incomoda más al mexicano. Su último triunfo antes del límite sigue siendo aquel nocaut técnico sobre Caleb Plant, el 6 de noviembre de 2021, cuando lo detuvo en el undécimo asalto para completar su colección de cinturones supermedianos. Está por cumplirse un lustro de aquella noche y todavía esperamos la siguiente.
Las dos cuestiones se encontrarán sobre el mismo cuadrilátero este 31 de octubre en Riad, donde Mbilli defenderá el campeonato de las 168 libras del Consejo Mundial de Boxeo.
DOS ESTILOS Y DOS PODERES
Canelo tendrá enfrente a un rival cuya presión y frecuencia de golpeo plantean un examen distinto al de alguien que se conforma con mantenerse lejos y sobrevivir.
Conviene empezar por una precisión. Nunca haber caído no equivale a ser imposible de derribar. Significa que hasta hoy nadie ha podido hacerlo. La diferencia parece pequeña desde una silla, pero adquiere otro tamaño cuando un peleador comienza a recibir el segundo y el tercer golpe de combinaciones que antes podía cortar con un movimiento de cintura.
La resistencia de Canelo tampoco se explica únicamente por la mandíbula. Hay oficio en la manera de recoger un impacto, verlo venir, girar con él o conseguir que termine en los guantes. Muchas veces admiramos cuánto aguanta un boxeador sin reparar en todo lo que hace para que el golpe llegue con menos fuerza.
Por eso el desafío de Mbilli no consiste simplemente en conectar una derecha monumental. Su mejor posibilidad, a mi juicio, pasa por obligar al mexicano a defender durante demasiado tiempo, encadenar ataques al cuerpo y la cabeza y hacerlo trabajar cuando quisiera tomarse una pausa.
La caída podría llegar por acumulación, después de varias secuencias incómodas, antes que por ese puñetazo aislado que todos imaginan.
Claro que una cosa es proponer semejante pelea y otra ejecutarla contra Canelo. Acercarse tiene un precio. Para lanzar combinaciones hay que entrar en una distancia donde el mexicano todavía puede encontrar una mano corta, un gancho al hígado o un contragolpe que modifique de inmediato el entusiasmo del visitante.
UN ANÁLISIS DE LOS PODERES
Ahí comienza la otra mitad de esta historia. La sequía de nocauts invita a pensar que Álvarez ya no pega como antes, pero sería demasiado sencillo reducir el asunto a unas manos que perdieron fuerza. El nocaut también necesita piernas para colocarse, velocidad para sorprender y continuidad para rematar. Se puede conservar un golpe pesado y haber perdido parte de la capacidad para conectar los siguientes.
El Canelo de Plant supo construir el desenlace. Castigó abajo, fue desgastando al estadounidense y encontró en el undécimo la combinación que lo derribó dos veces. Aquel final tuvo una preparación que a veces desaparece cuando volvemos a mirar solamente los segundos del nocaut.
Contra Mbilli necesitaría algo parecido. Un golpe de autoridad puede frenarlo durante un momento; para detenerlo habría que convertir ese momento en una ofensiva sostenida. Y eso exige energía, precisión y la decisión de arriesgar cuando también estarán llegando respuestas.
El estilo del campeón podría ayudarlo. Un hombre que avanza y busca intercambios ofrece oportunidades que escasean frente a quien pelea pendiente de la salida. Pero sería un error confundir esas oportunidades con facilidades.
Cada segundo que Canelo emplee buscando el golpe perfecto puede permitirle a Mbilli sumar trabajo, tocar el cuerpo y obligarlo a empezar otra vez.
Mi lectura es que al mexicano todavía le alcanza la pegada para lastimar a Mbilli. Tengo más dudas sobre su capacidad para sostener el castigo necesario y terminarlo. Del mismo modo, considero posible que el campeón provoque la primera caída de Canelo, aunque no daría por hecho que pueda atravesar una defensa que conserva mucha experiencia.
Lo que no compraría es la idea de que alguno necesita un nocaut para justificar una victoria. Mbilli puede ganar imponiendo actividad y Canelo puede hacerlo administrando mejor los intercambios. Buscar una imagen histórica a cualquier precio sería una buena manera de perder de vista la pelea.
Pero hay algo difícil de ignorar. Si Canelo consigue que Mbilli respete sus manos desde temprano, podrá elegir con mayor comodidad cuándo pelear. Si el campeón descubre que puede entrar, golpear y volver a entrar sin pagar demasiado, al mexicano le tocará defender su resistencia a un ritmo que decidirá otro. Antes de saber quién puede mandar a quién a la lona, habrá que ver quién consigue hacer retroceder al hombre de enfrente.



