Nick Martínez ya tiene la pelota para una noche que cualquier lanzador quisiera vivir.
Los Rays lo eligieron para abrir el primer juego de la Serie Mundial ante los Cerveceros de Milwaukee, este viernes 23 de octubre, y con esa decisión le entregaron el privilegio y la responsabilidad de dar el primer paso en la búsqueda del campeonato.
A los 36 años, el cubanoamericano de Miami llega a ese montículo después de recorrer bastante más camino del que imaginaba cuando soñaba con jugar en Grandes Ligas.
LA CONFIANZA DEL MANAGER
Kevin Cash resumió su confianza con una frase sencilla. “Cuando Nick lanza, ganamos”, dijo el dirigente, según recogió theScore. También explicó que la organización quería ofrecer descanso adicional a Drew Rasmussen y Freddy Peralta.
Hay estrategia en la elección, desde luego, pero hace falta haberse ganado mucho respeto para que un equipo pueda acomodar su rotación y, al mismo tiempo, sentirse tranquilo entregándote el comienzo de una Serie Mundial.
Para quienes lo hemos seguido desde Miami, la noticia tiene un sabor especial. Martínez se formó entre Tropical Park y Belén, y en una entrevista anterior con este periodista recordó sus visitas a los juegos de la Serie Mundial de 1997 y a la postemporada de 2003 de los Marlins.
Conoció aquella emoción desde las gradas, pendiente de los hombres que podían cambiar un partido con un lanzamiento. Ahora le corresponde a él hacer ese trabajo, mientras otros niños lo miran.
Sus raíces cubanas también acompañan el recorrido. Su madre nació en Pinar del Río y sus abuelos paternos llegaron de La Habana a Estados Unidos en 1961. En mayo de 2009, cuando era un universitario de Fordham que se destacaba como segunda base, conoció a Liván Hernández antes de un encuentro de los Mets.
La universidad dejó constancia de aquella visita y de la ilusión del muchacho por alcanzar algún día el escenario donde competía el cubano. Diecisiete años después, aquel encuentro adquiere otra dimensión.
El camino pasó por Texas, por cuatro temporadas en Japón y por el regreso a las Grandes Ligas. También incluyó una medalla de plata con Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Tokio. Martínez tuvo que adaptarse a países, bateadores y funciones distintas, acumular experiencia como abridor y relevista y seguir encontrando razones para confiar en su oficio. Su carrera permite apreciar cuánto puede crecer un pitcher después de la edad en que muchos ya creen conocer su techo.
Esta temporada le dio argumentos para seguir creyendo. Trabajó 180 entradas con efectividad de 3.10 en 31 aperturas y obtuvo su primera selección al Juego de Estrellas. Llegar a ese reconocimiento a los 36 años ayuda a entender la satisfacción de este momento. La recompensa tardó, pero lo encontró preparado para aprovecharla.
En octubre también ha respondido. Frente a Cleveland, en el cuarto juego de la Serie de Campeonato, permitió una carrera y dos imparables en cinco entradas y un tercio para llevarse la victoria.
Antes había contribuido a la eliminación de los Yankees con una apertura de tres entradas y dos tercios y dos carreras permitidas. Tampa Bay ha podido avanzar contando con él, sin exigirle que se convierta de pronto en un lanzador diferente.
UN DUELO DE MUCHO NIVEL
Del otro lado estará Jacob Misiorowski, y el duelo ofrece una comparación atractiva entre un brazo joven de enorme potencia y un veterano que necesita administrar bien sus recursos.
Para Martínez, el reto será impedir que Milwaukee encuentre comodidad en la caja de bateo. Cambiar velocidades, ejecutar los envíos y evitar regalos tendrá mucho más valor que tratar de competir con la velocidad del rival.
La responsabilidad de abrir también consiste en darle orden al partido. Mantener cerca al equipo, evitar que una entrada se descontrole y ofrecerle al bullpen un encuentro manejable.
En una Serie Mundial, saber reconocer cuándo insistir y cuándo cambiar el plan puede resultar tan necesario como tener un lanzamiento extraordinario. Allí debe aparecer todo lo aprendido durante sus años de viaje.
El honor ya está concedido; ahora empieza la parte difícil. Martínez tendrá que enfrentar a Milwaukee y a la emoción de una noche que llevaba mucho tiempo construyéndose.
Pero hay algo hermoso en verlo llegar hasta aquí. El niño que celebró a los Marlins desde las gradas, el universitario que miró de cerca a Liván y el profesional que se fue a Japón para continuar su carrera estarán presentes cuando tome la pelota.
Esta vez, la Serie Mundial comenzará con un lanzamiento suyo.



