En Cuba, el hockey sobre hielo prácticamente no existe. No forma parte de la tradición deportiva de la isla, no ocupa un espacio en la conversación cotidiana y difícilmente un niño cubano crece soñando con ponerse unos patines y convertirse en jugador. En Miami, donde viven cientos de miles de personas de origen cubano, tampoco es precisamente el deporte que uno espera encontrar como vehículo de identidad.
Y, sin embargo, sobre una pista de hielo del sur de la Florida, un grupo de cubanos y cubanoamericanos está escribiendo una historia distinta. Allí donde el calor de Miami parece incompatible con el frío del hockey, ellos han encontrado una manera de conectarse con sus raíces, competir al más alto nivel posible y demostrar que el apellido cubano puede estar representado en un deporte que durante décadas pareció pertenecer a otros mundos.
No se trata solamente de ganar partidos. Se trata de representar una herencia. De llevar consigo las historias de padres y abuelos que llegaron al exilio cargando sueños, sacrificios y, en muchos casos, heridas que todavía no terminan de cerrar. Y de utilizar la libertad que encontraron en Estados Unidos para intentar conquistar un espacio que nadie les había reservado.
Al frente de una de esas historias está Alberto Tirso Concepción, capitán del equipo Cuba Hockey de mayores de 35 años. Su relación con el hockey comenzó cuando apenas tenía 13 años y, desde entonces, nunca volvió a quitarse los patines. Para un muchacho criado en una familia de exiliados cubanos en Miami, aquel deporte representó desde el comienzo algo diferente.
“Como niño, creciendo en un hogar de exiliados cubanos en Miami, vi muchos deportes que me encantaban, pero no había nada como el hockey”, recuerda Concepción.
Ahora, muchos años después, aquel muchacho que descubrió un deporte desconocido para la mayoría de los cubanos se encuentra liderando un equipo que compite en torneos contra conjuntos de distintos países y que lleva el nombre de Cuba sobre el hielo.
La oportunidad llegó el año pasado, cuando Arnold Cuervo, fundador de Cuba Ice Hockey, se acercó a Concepción con una propuesta que trascendía ampliamente lo deportivo: representar a Cuba en el escenario internacional.
Concepción aceptó.
Y lo hizo por varias razones, pero una de ellas tenía nombre y apellido: su padre, quien fue prisionero político en Cuba.
Para él, ponerse la camiseta de Cuba no significa desconocer el país que le abrió las puertas a su familia. Todo lo contrario. La historia que quiere contar es precisamente la de un cubanoamericano que puede abrazar sus raíces mientras reconoce las libertades que encontró en Estados Unidos.
“Representamos nuestra herencia cubana y, al mismo tiempo, respetamos y honramos a Estados Unidos, el país que nos ha dado las libertades que el país de mis padres no pudo brindarles”, explica.
Es una distinción importante para entender el espíritu de este proyecto. No están tratando de reemplazar una identidad por otra. Están intentando demostrar que ambas pueden convivir: las raíces cubanas que vienen de la sangre y la memoria, y el país donde esas familias pudieron reconstruir sus vidas.
Para Concepción, además, existe una deuda íntima con aquellos que vinieron antes.
“Quería representar a mi familia, especialmente a mi padre, que fue un prisionero político en Cuba”, afirma. “Como a muchos cubanos, a nuestras familias les quitaron libertades y sueños, y sentí que era mi responsabilidad recuperar algo de nuestro orgullo cubano”.
Ese orgullo, en este caso, no se expresa con un bate, una pelota de béisbol o unos guantes de boxeo, deportes históricamente vinculados a la cultura cubana. Se expresa sobre una superficie helada, con un stick en las manos, un casco en la cabeza y el sonido de los patines cortando el hielo.
Y los resultados empiezan a darle otra dimensión al sueño.
El equipo masculino de mayores de 35 años terminó con marca perfecta de 5-0 y conquistó el campeonato frente a Perú. El conjunto masculino de División 1 también terminó invicto y se llevó el título ante Argentina.
Pero quizá lo más importante para quienes impulsan Cuba Ice Hockey no está únicamente en los trofeos que levantaron los adultos.
Está en los niños que vienen detrás.
En la reciente edición del torneo Latam Amerigol, celebrado en Coral Springs, la organización también presentó dos equipos de la categoría Sub-12 y uno de 16 años. Tres conjuntos juveniles que representan algo que hasta hace poco habría parecido improbable: niños de raíces cubanas creciendo en el sur de la Florida con la posibilidad de mirar el hockey como parte de su futuro.
El proyecto nació bajo el impulso de Arnold Cuervo y cuenta con el respaldo de Alejandro Ortiz, Augie Artiles, Andrew Gonzalez y Jesse Sardiña. Los equipos entrenan en Miami Ice Arena, desde donde intentan construir algo que va más allá de una temporada o de un campeonato.
La meta es abrir una puerta.
“Queremos poner a jugadores hispanos, principalmente cubanoamericanos, en un escenario donde puedan demostrarle al mundo que nosotros también podemos jugar hockey sobre hielo a un nivel competitivo”, explica Concepción.
Ese “nosotros” tiene un significado especial.
Porque durante mucho tiempo el hockey pareció una conversación reservada para países y comunidades con una relación histórica con el hielo. Canadá, Estados Unidos, Europa, algunas naciones de América Latina. Cuba, definitivamente, no aparecía en ese mapa.
Ahora hay cubanos intentando cambiarlo.
No porque pretendan convencer a nadie de que el hockey forma parte de la tradición de la isla. No la forma. Precisamente ahí reside parte de la belleza de esta historia: están creando una tradición que no heredaron.
La están construyendo.
Cada entrenamiento, cada torneo y cada niño que se pone los patines representa una pequeña ruptura con lo establecido. Una demostración de que la identidad también puede encontrar caminos inesperados.
Para Concepción, el mensaje que quieren dejarle a los más jóvenes es sencillo: los límites no siempre están donde uno cree.
“Queremos abrir un camino para los niños que vienen después de nosotros”, sostiene. “Mostrarles que, con verdadero espíritu cubano, cualquier cosa que puedas soñar y por la que estés dispuesto a trabajar muy duro, puedes alcanzarla”.
Los adultos ya ofrecieron su demostración sobre el hielo. Cinco victorias sin derrota para los mayores de 35 años. Un campeonato frente a Perú. Otra corona invicta para la División 1 contra Argentina.
Ahora corresponde a los niños recoger el testigo.
Tal vez algún día, cuando uno piense en hockey cubano, no parezca una contradicción. Tal vez aparezcan aquellos primeros equipos que comenzaron a abrirse paso desde Miami, aquellos hombres y mujeres que decidieron ponerse los patines y llevar consigo una bandera, una historia familiar y una convicción.
La de que ser cubano también significa poder buscar nuevos territorios para la identidad.
Incluso si esos territorios están cubiertos de hielo.
Y quizás esa sea la victoria más importante de todas: que un deporte desconocido en Cuba y poco familiar para la comunidad cubana de Miami haya terminado convirtiéndose, para un grupo de familias, en otra forma de decir de dónde vienen y hasta dónde pueden llegar.




