Alexander Volkanovski tiene el cinturón del peso pluma, pero últimamente buena parte de su conversación transcurre diez libras más arriba.
Primero apareció Justin Gaethje como compañero ideal para una superpelea de despedida. Después dejó abierta la posibilidad de enfrentar a Arman Tsarukyan. A este paso, los aspirantes de las 145 libras tendrán que pedir una cita para recordarle que todavía es su campeón.
La broma tiene su parte seria. Cuando un monarca empieza a mencionar con tanto entusiasmo a los vecinos, resulta razonable preguntarse cuánto le interesa seguir atendiendo su propia casa. Aunque en el caso del australiano sería injusto confundir de inmediato esa ambición con una fuga.
Conviene precisar lo que ha dicho. Volkanovski planteó una pelea con Gaethje por la que estaría dispuesto a retirarse, ganara o perdiera, y también respondió favorablemente a la posibilidad de medirse con Tsarukyan por el título ligero.
TAN DESESPERADO ESTÁ POR SUBIR
Son escenarios que está promoviendo, no combates anunciados. En sus declaraciones reconoció, además, que existen contendientes con méritos en esa categoría y manifestó que no quiere frenar las divisiones.
Esa última preocupación es saludable. Ahora le corresponde demostrar cómo convertirla en un calendario.
Porque una cosa es prometer que después de la fiesta todo quedará recogido y otra explicar cuánto tendrán que esperar los demás para que termine la celebración.
A Volkanovski se le puede entender. A los 38 años, después de construir una carrera extraordinaria en el peso pluma, otra defensa y una segunda corona representan estímulos diferentes. Ya intentó conquistar el ligero en dos ocasiones frente a Islam Makhachev y perdió ambas.
Esa cuenta pendiente ayuda a explicar su insistencia, aunque desde fuera no podemos saber cuánto pesan el desafío deportivo, el dinero o la posibilidad de escoger una despedida especial.
Yo tendría cuidado con llamarlo desesperación. Un peleador que contempla a Gaethje y a Tsarukyan difícilmente está buscando unas vacaciones. Los dos presentan problemas suficientes para estropearle la noche a cualquiera, incluido un campeón de su categoría.
Lo que sí transmite es urgencia. Y eso resulta comprensible en un veterano que sabe que las oportunidades para preparar otro ascenso de peso tienen fecha de vencimiento.
DOS HISTORIAS DIFERENTES
Ahora bien, las dos propuestas cuentan historias distintas.
Gaethje ofrece una pelea que se vende casi sola. Dos veteranos reconocidos, dos estilos capaces de producir una batalla memorable y la posibilidad de cerrar carreras enormes en el mismo escenario.
Deportivamente, Volkanovski tendría que trabajar con sus entradas, sus salidas y sus cambios de ritmo para evitar quedarse demasiado tiempo al alcance del estadounidense. Cada intercambio prolongado elevaría el peligro.
Tsarukyan propone otro examen. Su lucha encadenada, su capacidad para insistir después de una primera defensa y la exigencia física de los forcejeos podrían obligar al australiano a gastar mucho antes de encontrar espacio para su boxeo. Defender un derribo sería apenas el comienzo de la conversación.
Por eso aceptar también a Arman le da seriedad deportiva al deseo de subir. Reduce la impresión de que Volkanovski está interesado únicamente en un nombre famoso con el cual organizar una despedida lucrativa. Sugiere que el objetivo de conquistar las 155 libras conserva valor para él aunque cambie el rival.
Hasta ahí, todo bien. El problema empieza cuando ese sueño necesita que otros suspendan los suyos.
OCUPARSE DE SU PESO
El campeón pluma tiene derecho a negociar el mejor tramo final de su carrera. Los contendientes de su división tienen derecho a una ruta razonable hacia el cinturón. Y los ligeros pueden preguntarse por qué una trayectoria brillante en otra categoría debería conceder una nueva oportunidad inmediata en la suya.
El prestigio merece consideración. Convertirlo en un pase permanente para adelantar posiciones sería bastante más discutible.
Tampoco me convence del todo la idea de que retirarse después elimina cualquier perjuicio. Puede evitar una retención prolongada del campeonato, pero no devuelve los meses que haya consumido la negociación. Una pelea de despedida también necesita preparación, promoción y una fecha disponible. Durante ese proceso hay carreras esperando.
Por eso la respuesta depende menos del apellido que Volkanovski termine eligiendo y más de las condiciones que acepte.
Si existe una oportunidad concreta, cercana y con una solución clara para el peso pluma, el ascenso puede ser defendible. Incluso atractivo. Si comienza una espera indefinida por la decisión de Gaethje, seguida de otra negociación y luego de otro posible rival, entonces el campeón tendrá que volver a ocuparse de las 145 libras o dejar el cinturón disponible.
Y sería prematuro condenarlo ya por abandonar sus obligaciones. Acaba de defender exitosamente ante Movsar Evloev. Su interés por subir merece escrutinio, pero todavía hay distancia entre expresar una ambición y mantener paralizada una categoría.
Mi posición es que Volkanovski se ha ganado el derecho a pedir esa pelea. La UFC debe evaluar si concedérsela encaja con las oportunidades que les debe a otros.
Puede buscar otra corona, escoger un último desafío y tratar de despedirse a lo grande. Todo eso forma parte del privilegio de haber construido una carrera excepcional. Pero mientras conserve el título pluma, su decisión seguirá afectando a quienes vienen detrás.
Que mire hacia arriba cuanto quiera. Lo que necesitamos saber es cuándo piensa decidir y qué ocurrirá con el cinturón que todavía lleva puesto.



