Ernesto Rodríguez perdió la pelea por el campeonato de PFL, pero dejó una razón para querer verlo de nuevo. Aceptó una oportunidad de esas que pueden cambiar una carrera y alcanzó a poner en aprietos al hombre que terminó con el cinturón. Ahora, cuando regrese el 14 de noviembre ante Rhys McKee en Dubái, la pregunta será cuánto de aquella noche se llevó consigo y qué puede hacer con ello.
Porque perder también puede enseñar, aunque conviene tener cuidado con esa costumbre de encontrarle virtudes a cualquier derrota. Recibir castigo no garantiza crecimiento. Lo que hace avanzar a un peleador es revisar por qué lo recibió, reconocer dónde tomó una mala decisión y trabajar para que ese mismo problema no vuelva a aparecer. Rodríguez tiene por delante una buena oportunidad para mostrar ese proceso.
El cubano de 29 años llegará a la Coca-Cola Arena con balance de 11 victorias y dos derrotas, después de que Thad Jean interrumpiera en julio una cadena de nueve triunfos. Su salto a la disputa del campeonato vacante de las 170 libras llegó con apenas 48 horas de aviso, cuando la baja de Shamil Musaev abrió un espacio que decidió ocupar. Ya estaba preparado para competir en aquella cartelera, pero cambiar de adversario y asumir una pelea titular a última hora exigía bastante más que estar en peso.
Y respondió con argumentos. En el segundo asalto derribó a Jean con un golpe y lo obligó a defenderse en el suelo, antes de que el combate terminara por nocaut técnico a los 2:44 del tercero. Ese pasaje importa porque mostró que podía lastimar a un rival de nivel titular. El desenlace importa igualmente, porque recordó cuánto le falta para sostener esa amenaza y protegerse cuando la pelea cambia de dirección.
Ahí está el trabajo que debería acompañarlo desde Xtreme Couture, en Las Vegas. Administrar el esfuerzo, escoger mejor cuándo acelerar y evitar que una posición desfavorable en el suelo termine consumiendo todas sus opciones son tareas que aquella actuación invita a revisar. Desde fuera no podemos saber cuánto ha corregido, pero ante McKee habrá una primera respuesta. La valentía ya la mostró; ahora necesita darle continuidad con una actuación más completa.
El norirlandés tampoco aparece en el calendario para facilitarle el regreso. Tiene 31 años, un récord de 15-7-1 y una trayectoria que incluye campeonatos en BAMMA y Cage Warriors, además de dos etapas en UFC. Once de sus victorias llegaron por nocaut o nocaut técnico y otras tres por sumisión. Hay suficiente capacidad de definición en ese historial como para castigar cualquier descuido del cubano.
Su paso por UFC tuvo más derrotas que alegrías, pero reducirlo a ese balance sería una mala lectura del enfrentamiento. McKee conoce la exigencia de escenarios importantes y estrenó su etapa en PFL con una decisión unánime sobre Alex Lohoré en abril.
También él busca construir una nueva posición dentro de la compañía y vencer a alguien que acaba de disputar el campeonato sería un resultado valioso.
Por eso Rodríguez necesita algo más concreto que repetir la impresión favorable de Washington. Ante Jean, las circunstancias excepcionales ayudaban a poner su actuación en perspectiva. Para Dubái dispone de un rival definido y tiempo para preparar el combate. La expectativa cambia, y con ella la responsabilidad de demostrar que puede ganar en este nivel.
Su futuro en PFL sigue siendo muy bueno. Tiene edad para crecer, un equipo de trabajo reconocido y ya ha mostrado recursos para competir con un campeón. En marzo venció a Masayuki Kikuiri en su debut con la empresa y, apenas en su segunda presentación, estuvo frente al cinturón. Esa velocidad no significa que el camino siguiente vaya a ser corto, pero sí ofrece motivos para pensar que puede volver a recorrerlo.
Una victoria sobre McKee no le aseguraría otra oportunidad titular, aunque fortalecería su candidatura y evitaría que dos derrotas consecutivas le complicaran el avance. Ernesto ya sabe lo que se siente al tener un campeonato al alcance. En Dubái deberá empezar a demostrar cuánto le sirvió haber estado tan cerca.



