Si Tyson Fury y Anthony Joshua finalmente no suben al ring el próximo 11 de diciembre, el boxeo tendrá dificultades para explicar por qué uno de los combates más esperados de esta generación pudo morir por algo mucho más pequeño que los dos gigantes llamados a protagonizarlo: una guerra de egos.
Apenas después de que Netflix anunciara oficialmente a Fury y Joshua para el Principality Stadium de Cardiff, con transmisión mundial de la plataforma, comenzaron a surgir nuevos problemas alrededor de un enfrentamiento que parecía, por fin, haber superado todos sus obstáculos. Esta vez no se trata de dinero, tampoco de la sede ni de las condiciones deportivas. El nuevo campo de batalla es la participación de Dana White en la promoción del evento.




