Islam Makhachev todavía tiene rivales esperando por él y ya comenzó a hablar del final. Eso, en un campeón de su categoría, alcanza para encender una discusión que va desde el derecho a retirarse cuando le parezca hasta la obligación de darle movimiento a una división que no puede organizarse alrededor de sus despedidas.
El daguestaní sacudió el ambiente al advertir en sus redes que su próxima pelea será «una de las últimas» de su carrera. La frase merece leerse completa antes de empezar a guardar los guantes. No anunció que se retirará después del siguiente combate, tampoco puso una fecha definitiva.
Sí dejó claro que empieza a contar las oportunidades que le quedan de otra manera, con la conciencia de que su recorrido se acerca al final.
En ese mismo mensaje respondió a quienes presentan a Carlos Prates como demasiado peligroso y a Michael Morales como demasiado bueno para él. Su intención, según expresó, es enfrentar al mejor de los dos y volver a demostrar su superioridad.
Hay una advertencia de despedida, pero también una respuesta competitiva a quienes creen que está escogiendo el camino menos complicado.
NO TODOS ESTÁN CONTENTOS
La reacción llega en un momento sensible. Dana White cuestionó públicamente la demora de su regreso y explicó que el campeón había sido contemplado para enero antes de pedir volver después del Ramadán.
Entretanto, Prates y Morales se enfrentarán por un cinturón interino el 30 de enero en Toronto. La actividad de la categoría y el calendario de su principal figura vuelven a caminar a distinta velocidad.
Conviene separar las cosas. Islam tiene derecho a decidir cuánto tiempo quiere seguir peleando y a organizar su vida alrededor de sus convicciones. Eso no obliga a los demás aspirantes a esperar sin horizonte.
El problema deportivo aparece cuando la corona se queda en manos de alguien cuyo calendario deja demasiadas preguntas abiertas. Ser el mejor y mantener una división funcionando son responsabilidades que a veces chocan.
UNA NUEVA TEORIA
Michael Bisping añadió una posibilidad que vuelve más interesante el asunto. El excampeón considera que Makhachev merece intentar conquistar el título de las 185 libras una vez resuelto su compromiso en el peso welter.
En declaraciones recogidas por MMA Sucka, respaldó la idea de que el ruso busque una tercera corona. Es una propuesta de Bisping, no una pelea anunciada ni un plan de despedida confirmado por Islam.
La diferencia importa. Una cosa es imaginar que Makhachev venza al ganador de Morales y Prates y después cierre su carrera buscando otro campeonato. Otra, bastante distinta, es dar esa secuencia por acordada. Por ahora estamos hablando de una ruta posible, atractiva para el público y seguramente para quienes venden las grandes noches de la UFC.
El argumento a favor tiene sustancia. Islam ya fue campeón del peso ligero y conquistó el welter frente a Jack Della Maddalena antes de defenderlo ante Ian Machado Garry. Ha demostrado que su boxeo, su lucha y su control pueden funcionar en dos categorías.
Buscar una tercera supondría llevar esa capacidad a un escenario todavía más exigente y añadir una conquista enorme a una carrera que ya tiene peso propio.
Pero las 185 libras no se alcanzan solamente comiendo un poco más. Allí tendría que controlar cuerpos naturalmente mayores, trabajar contra otra fuerza en los agarres y exponerse a golpes de hombres que están acostumbrados a enfrentar rivales más grandes.
La técnica de Islam seguiría siendo una herramienta formidable. Lo que no sabemos es cuánto margen conservaría cuando el adversario pudiera obligarlo a gastar más energía en cada derribo y en cada intento de mantenerlo en el suelo.
PRIMERO TIENE UN RETO TREMENDO
Tampoco conviene usar esa fantasía para quitarles importancia a quienes tiene delante. Morales ofrece juventud, alcance y recursos para castigar las entradas. Prates representa el peligro de un golpeo capaz de cambiar una pelea en una sola secuencia.
Frente a cualquiera, Makhachev necesitaría imponer su distancia, encadenar la lucha y evitar que el combate se instale demasiado tiempo donde su rival puede hacerle daño. Antes de discutir cómo ganaría en mediano, hay que verlo resolver esa prueba en welter.
Ahí está, para mí, el orden correcto. Primero, enfrentar al campeón interino y despejar la discusión en su categoría. Después, si conserva el deseo y el cuerpo responde, sentarse con la UFC a explorar el salto.
Su trayectoria le da argumentos para pedir una oportunidad extraordinaria. También obliga a preguntarse qué ocurriría con el cinturón welter mientras persigue la siguiente aventura.
No me molestaría verlo buscar la tercera corona como último gran desafío. Me parecería una apuesta deportiva valiosa, incluso con el riesgo de perder. Lo que no tendría sentido sería convertir esa búsqueda en otra espera indefinida para los que vienen detrás. Un campeón puede ampliar su historia sin dejar a toda una división pendiente de cuándo decidirá continuarla.
Hablar del retiro tampoco demuestra miedo. Un peleador puede reconocer que le quedan pocas noches y seguir siendo el hombre más difícil de vencer en ellas.
A Islam habrá que juzgarlo por el rival que acepte, por cuándo regrese y por lo que haga cuando se cierre la puerta del octágono. Las sospechas no sustituyen esas respuestas.
Bisping ha puesto sobre la mesa un final que cualquiera querría ver. Islam, por su parte, ha dicho que todavía quiere medirse con el mejor de los aspirantes. Si cumple esa palabra y gana, la conversación sobre una tercera corona tendrá otra fuerza. Hasta entonces, su despedida puede esperar. El ganador de Morales y Prates será quien tenga el primer derecho a reclamar su atención.



