Islam Makhachev tiene derecho a organizar su carrera, cuidar su cuerpo y respetar sus creencias religiosas. También tiene una responsabilidad con la división que encabeza.
Cuando sus decisiones obligan a los demás a disputar un campeonato provisional mientras él conserva el verdadero, resulta legítimo preguntarse hasta dónde debe llegar la paciencia de la UFC.
La explicación del ruso sobre su ausencia en enero deja una sensación incómoda. Makhachev considera conveniente que Carlos Prates y Michael Morales se enfrenten para determinar quién merece desafiarlo. La empresa ya anunció ese combate por el título interino para UFC 336. Islam, mientras tanto, esperará al vencedor.
COMO ANILLO AL DEDO PARA EL CAMPEÓN
Desde la comodidad del campeón, el arreglo resulta estupendo. Dos de sus principales amenazas se enfrentarán, una perderá terreno y la otra llegará a la siguiente negociación después de superar una pelea de enorme exigencia. Para el resto de las 170 libras, en cambio, significa aceptar que el acceso al cinturón depende también de cuándo su propietario decida volver.
Conviene poner la crítica en su justa dimensión. Makhachev viene de derrotar a Ian Machado Garry en agosto; todavía no estamos ante un campeón que lleve un año desaparecido.
Sin embargo, Dana White explicó que el ruso prefirió aplazar su regreso hasta después del Ramadán. Lo preocupante es la prolongación de esa espera sin una fecha pública y concreta para defender.
Ahí está el centro del asunto. Una división puede acomodarse a una ausencia razonable. Lo que termina desgastándola es funcionar alrededor de una disponibilidad incierta.
Los aspirantes entrenan, pagan campamentos, asumen riesgos y atraviesan sus mejores años competitivos. El tiempo que para una estrella consolidada puede representar descanso, para otro peleador puede ser la diferencia entre alcanzar su oportunidad o perderla.
EXCUSAS EN EL TIEMPO
El argumento deportivo de Islam tampoco resuelve todas las dudas. Que él haya vencido a Garry y que Garry haya derrotado a Prates sirve como antecedente, pero no liquida el derecho del brasileño a desafiarlo.
Las MMA están llenas de cruces que desarman esa aritmética. Los estilos, los ajustes y el momento de cada carrera pesan demasiado como para ordenar una categoría mediante resultados encadenados.
Prates y Morales pueden ofrecer una pelea magnífica. Eso no convierte automáticamente su enfrentamiento en la mejor solución para la división. Una cosa es que dos aspirantes necesiten medirse porque sus méritos todavía no permiten distinguirlos. Otra es que deban hacerlo porque el campeón rechazó una fecha y prefiere recibir después a un único sobreviviente.
La UFC merece su parte de responsabilidad. Al crear una corona interina mantiene una pelea importante en circulación, vende un campeonato y evita el conflicto mayor con Makhachev.
Pero también acepta una situación en la cual habrá un ganador celebrando con una faja que todavía necesitará otra victoria para sentirse plenamente dueño de la categoría.
¿DEBIERON QUITARLE EL CINTURÓN?
Mi reparo es que una medida de ese tamaño necesita algo más sólido que el disgusto por una pelea rechazada. Haber competido en agosto obliga a ser cuidadosos con la acusación de abandono. Ahora bien, esa prudencia tampoco puede convertirse en permiso para extender la ausencia cuanto quiera el campeón.
La empresa debió ser más firme al establecer las condiciones de su regreso. Una fecha límite razonable para unificar, un compromiso público y una consecuencia clara si vuelve a posponerlo habrían defendido mejor los intereses de todos. Si Islam no está dispuesto a cumplir ese calendario, entonces dejar vacante el campeonato sería una decisión perfectamente defendible.
El Ramadán merece respeto. La discusión corresponde a la planificación deportiva y a las obligaciones que acompañan un cinturón. Ambas cosas pueden convivir si existe voluntad de organizar una defensa con suficiente anticipación. Lo que falta aquí es la certeza que necesitan quienes esperan debajo.
Makhachev ha demostrado de sobra que sabe conquistar la cima. Ahora debe demostrar que está dispuesto a sostener el ritmo que exige gobernar una división.
La UFC puede reconocer su grandeza y, al mismo tiempo, exigirle una fecha. Prates, Morales y los demás aspirantes merecen saber cuándo podrán disputar el campeonato que realmente vinieron a buscar.



