Israel Adesanya todavía recuerda el golpe de Yoel Romero. De aquella pelea que dejó a tantos aficionados esperando una acción que nunca llegó, el excampeón conserva una impresión muy distinta a la de quienes la vieron desde afuera.
Él estuvo frente al cubano, recibió su pegada y decidió que exponerse otra vez tenía un precio demasiado alto. Años después, su explicación permite entender mejor cómo dos hombres capaces de producir un nocaut terminaron ofreciendo tan poco.
“Cuando me conectó ese golpe, vi cuatro frente a mí”, recordó Adesanya en declaraciones difundidas por MMA Fighting.
UNA ACCIÓN QUE NUNCA LLEGÓ
Según su relato, esperaba que Romero aprovechara el momento para ir en busca del final, pero el ataque no llegó. El episodio dejó una advertencia suficiente para condicionar su disposición a intercambiar durante el resto del combate.
Ambos se enfrentaron el 7 de marzo de 2020 en Las Vegas, en el evento principal de UFC 248. Adesanya conservó el campeonato del peso mediano por decisión unánime después de cinco asaltos que estuvieron muy lejos de las expectativas.
El campeón tenía recursos para atacar desde la distancia y el retador poseía una explosividad que hacía pensar en una noche de peligro constante. La posibilidad de que algo grande sucediera acompañó la pelea, pero rara vez se convirtió en acción. UFC
Adesanya admite ahora que aquel encuentro estuvo entre los más aburridos en la historia de la compañía. En su reflexión también recordó la batalla contra Kelvin Gastelum, incorporada al Salón de la Fama de la UFC, para reconocer los extremos que puede ofrecer una misma carrera.
Su explicación sobre Romero, sin embargo, contiene un reconocimiento que al cubano le pertenece por derecho propio. Aún un especialista del golpeo como Israel tuvo que ajustar sus riesgos después de sentirle las manos.
AMBOS RESPONSABLES
Si avanzar significa quedar al alcance de una respuesta capaz de cambiar la noche, cada entrada exige una precaución adicional. En el caso de Adesanya, su propio testimonio confirma que el recuerdo de aquel impacto pesó en sus decisiones. La amenaza de Romero seguía presente incluso cuando el cubano apenas atacaba.
Eso tampoco libera a Yoel de su responsabilidad en el pobre espectáculo. Si, como cuenta Israel, hubo un momento en que el campeón quedó afectado, faltó la continuidad ofensiva para aprovecharlo.
Tener al adversario pendiente de la pegada puede ofrecer una ventaja, pero hace falta convertirla en ataques, presión y oportunidades concretas. Romero consiguió que Adesanya dudara antes de exponerse; le faltó producir lo suficiente para arrebatarle el cinturón.
El respeto mutuo terminó favoreciendo una pelea de esperas. Para el campeón, conservar la distancia reducía la posibilidad de recibir otro golpe semejante. Para el retador, acercarse también implicaba entrar en el terreno de un rival preciso y difícil de descifrar.
La frustración del público fue comprensible, como también lo es la prudencia de quienes saben que un error puede dejarlos inconscientes. Comprender lo que ocurrió permite analizarlo mejor, aunque no vuelva entretenidos aquellos 25 minutos.
En el recuerdo de Adesanya hay una valoración de Romero que merece atención. El cubano perdió aquella oportunidad de conquistar el título, pero dejó una huella que el vencedor todavía puede describir con claridad.
“Él simplemente siguió el juego y sí, fue una pelea aburrida’’, reconoció Adesanya. “Pero es un hombre peligroso. Hay una razón por la que no quería acercarse y hay una razón por la que yo no quería arriesgarme a recibir otro golpe así, así que sí, un saludo para él.”
Queda la crítica a una pelea que prometió mucho y entregó poco. Queda también la confesión de un campeón que, después de recibir un golpe, prefirió medir cada acercamiento. Para hablar del poder de Yoel, pocas referencias tienen tanto peso como la del hombre que tuvo que enfrentarlo.



