Jaime Munguía tendrá una gran vitrina el 31 de octubre en Arabia Saudita, pero el rival anunciado difícilmente responde a lo que debería exigírsele a un campeón de su experiencia.
Primero apareció el venezolano Keiber González; ahora el elegido es Nikita Zon. Cambió el nombre, aunque permanece la impresión de que el mexicano y su equipo buscan una defensa de menor riesgo mientras dejan pendientes compromisos mucho más exigentes.
Conviene precisar quién está evitando a quién. Munguía es el campeón supermediano de la Asociación Mundial de Boxeo y Bektemir Melikuziev es su retador obligatorio.
Osleys Iglesias, dueño de la corona de la Federación Internacional de Boxeo, representa otra posibilidad, la de una unificación. Son situaciones distintas, pero ambas alimentan una pregunta incómoda sobre la ambición deportiva del tijuanense.
UN ANTECEDENTE MUY FUERTE
El antecedente con Iglesias está documentado. En enero, cuando todavía se buscaba rival para disputar el cinturón vacante de la FIB, el equipo de Munguía rechazó la propuesta de enfrentar al cubano.
Aquello no fue una negociación que simplemente nunca comenzó ni una provocación lanzada por las redes. Hubo una oportunidad concreta de pelear por un campeonato y el mexicano tomó otro camino. No conocemos todos los motivos de aquella decisión, pero sí su resultado: Iglesias tuvo que buscar a otro adversario.
Desde entonces, Munguía conquistó la corona de la AMB al vencer a Armando Reséndiz en mayo. Ese triunfo merece reconocimiento, como también lo merece una trayectoria en la que ha aceptado combates difíciles.
Precisamente por eso resulta decepcionante la selección actual. Un boxeador con ese recorrido puede aspirar a mucho más que acumular una defensa ante un oponente cuya experiencia no ofrece, sobre el papel, una prueba comparable.
UN REGALO PARA EL RUSO
Zon tampoco tiene la culpa de recibir la oportunidad. Es un ruso invicto, aparece noveno en el ranking de septiembre de la AMB y posee el cinturón Gold del organismo.
Esas credenciales deben mencionarse para no convertir la crítica en un desprecio gratuito. Sin embargo, una clasificación y un invicto no resuelven por sí solos la diferencia de trayectoria. Según la información publicada sobre el combate, esta será su primera presentación fuera de Rusia. El salto hasta Munguía es considerable; el mérito de escogerlo resulta bastante menos evidente.
La propuesta anterior era todavía más difícil de defender. González ni siquiera figuraba entre los primeros 15 supermedianos de la AMB, de acuerdo con los reportes sobre aquella negociación.
Pasar del venezolano al ruso mejora la justificación administrativa del emparejamiento, pero no responde a la cuestión deportiva principal: por qué buscar otra defensa cuando el organismo ya ha señalado al adversario que corresponde enfrentar.
EL TEMA CON MELIKUZIEV
La AMB ordenó el 21 de septiembre negociar Munguía-Melikuziev y fijó el 21 de octubre como límite para alcanzar un acuerdo. Además, explicó que el plazo de defensa obligatoria del campeón había vencido el 30 de agosto.
No estamos, por tanto, ante un aspirante que pide un favor desde la distancia. El uzbeko tiene una posición reconocida y una resolución que respalda su derecho. Si las partes no acuerdan, el organismo puede convocar una subasta.
Aquí aparece el detalle más delicado. Munguía-Zon fue promocionada como pelea de campeonato dentro de México contra el Mundo, pero Boxing News 24 informó que la AMB manifestó la noche del 8 de octubre que no había aprobado el combate y que revisaría la situación.
Hasta ese reporte, el anuncio comercial no equivalía a autorización del organismo. Esa diferencia exige una explicación pública antes de venderle al aficionado una defensa como si todos los requisitos estuvieran resueltos.
Las consecuencias van más allá de Munguía. Cuando un campeón busca rivales alternativos mientras el obligatorio espera, el ranking pierde autoridad y el público tiene motivos para desconfiar. Cuando otro monarca como Iglesias encuentra dificultades para acceder a figuras de mayor convocatoria, la división se fragmenta todavía más.
Cada equipo protege su negocio, pero el espectáculo termina pagando la suma de esas decisiones con menos enfrentamientos que permitan establecer quién es realmente el mejor.
Nadie puede asegurar que Munguía actúe por miedo, ni que Zon vaya a resultar una presa fácil cuando suene la campana. Lo que sí puede cuestionarse es una ruta que ofrece menos exigencia aparente que las alternativas pendientes.
El mexicano tiene nombre, respaldo y una corona; también tiene la responsabilidad de darles contenido. Cumplir con Melikuziev y después buscar una unificación con Iglesias haría mucho más por su figura que otra noche diseñada para salir favorito.
A estas alturas, Munguía necesita que sus decisiones estén a la altura del campeonato que lleva.



