Cleveland necesitaba un batazo para completar la remontada y José Ramírez lo puso donde ya no podían alcanzarlo los White Sox.
Su jonrón de dos carreras en el cuarto episodio decidió este sábado el quinto encuentro de la Serie Divisional y les abrió a los Guardianes las puertas de la Serie de Campeonato de la Liga Americana. En una noche dominada por los lanzadores, el dominicano encontró el espacio para recordar cuánto pesa su presencia en este equipo.
La victoria 2-0 tuvo un formidable respaldo desde el montículo, pero también necesitó de alguien que convirtiera una oportunidad en ventaja. Después del sencillo de Steven Kwan, Ramírez conectó por el jardín derecho y produjo todas las carreras del encuentro.
Cuando cada turno podía decidir el destino de la temporada, Cleveland encontró la respuesta en el bate de su figura más reconocible.
ESTABLE EN EL CAMBIO
Ese lugar lo ha construido durante años. Desde su debut en septiembre de 2013, Ramírez ha acompañado a la franquicia en distintas etapas, incluida la Serie Mundial de 2016. Su importancia se entiende al observar la continuidad que le ha dado a Cleveland.
Cambian compañeros, aparecen jóvenes y se renuevan las expectativas, pero el dominicano sigue siendo una referencia alrededor de la cual el equipo puede organizar sus aspiraciones.
Hay estrellas cuya relación con una ciudad parece durar lo que dura un contrato. Ramírez ha expresado su deseo de pasar toda su carrera con los Guardianes. Esa decisión le da una dimensión especial a lo que consigue sobre el terreno. Los aficionados han podido verlo crecer, establecerse y asumir cada vez más responsabilidad con el mismo uniforme. Cada nuevo octubre añade otro capítulo a una historia compartida.
En enero, Cleveland volvió a apostar por esa relación con un acuerdo que lo mantiene bajo contrato hasta 2032. La extensión también expresa una convicción deportiva.
Para los Guardianes, Ramírez sigue siendo una pieza central del presente y del equipo que quieren construir. El jonrón del sábado ofrece una explicación mucho más directa de esa confianza que cualquier discurso de presentación.
EL EQUIPO AL HOMBRO
Decir que se ha echado a Cleveland al hombro encuentra sustento en momentos como este, aunque la remontada haya requerido un esfuerzo colectivo. Gavin Williams y los relevistas hicieron su parte con una actuación extraordinaria. Ramírez aportó el golpe ofensivo que necesitaban para que ese dominio tuviera recompensa. Su valor estuvo en resolver el problema concreto de una noche en la que dos carreras terminaron siendo suficientes.
Para Chicago, el batazo fue especialmente doloroso porque llegó de un rival cuya capacidad de hacer daño conoce bien. Para Cleveland, tuvo el valor de una confirmación.
En el encuentro donde ya no existía otra oportunidad, su principal figura respondió y ayudó a transformar una serie que parecía escaparse en el derecho a seguir compitiendo por el banderín.
Ahora esperan los Rays de Tampa Bay y un examen distinto. Cleveland necesitará nuevamente profundidad, ejecución y pitcheo, pero avanza con la tranquilidad de contar con un jugador acostumbrado al peso de esas exigencias.
Ramírez tendrá otra oportunidad de acercar a la ciudad al título que persigue. Ya le dio el batazo que la mantiene en carrera.



