Lázaro Montes cumple 22 años este jueves con un regalo que hace apenas unos meses todavía estaba persiguiendo. Ya sabe lo que significa pararse en una caja de bateo de Grandes Ligas. Ya dejó cuatro pelotas del otro lado de la cerca. Y puede mirar hacia la próxima primavera con la experiencia de haber dado el salto que tantos sueñan y tan pocos consiguen.
Para el cubano de los Marineros de Seattle, este primer cumpleaños como ligamayorista llega en un momento que invita a detenerse y mirar el camino recorrido. También a mirar hacia adelante. Porque si algo sugieren sus números y su edad es que todavía estamos viendo una versión temprana de un bateador cuyo techo resulta enorme.
Montes terminó la temporada con 42 cuadrangulares entre Ligas Menores y Grandes Ligas. Pegó 38 antes de recibir el llamado y agregó cuatro con Seattle. Mientras completaba su formación y cambiaba de nivel, ya estaba ofreciendo una muestra sostenida de la herramienta que puede abrirle espacio en el centro de una alineación.
NO SURGE DE LA NADA
Lo más alentador es que ese poder tiene antecedentes. En cinco temporadas en las Menores acumuló 114 vuelacercas, 392 impulsadas y un OPS de .915. Hay suficiente recorrido detrás de esas cifras para entender que Seattle tiene entre manos una capacidad ofensiva que vale la pena desarrollar con paciencia. El desafío consiste en trasladarla, con regularidad, al escenario donde cada debilidad recibe una respuesta.
Su primera experiencia arriba dejó precisamente las dos caras de ese proceso. Montes conectó 11 imparables en 52 turnos, para promedio de .212, con cuatro jonrones y 11 remolcadas.
Hubo impacto cuando encontró la pelota y dificultades para encontrarla con frecuencia. Ese pequeño septiembre ofrece pistas, aunque sería apresurado utilizarlo para dictar sentencia sobre lo que será su carrera.
El dato que más invita a la prudencia son sus 24 ponches en 59 comparecencias al plato. Ahí tiene una tarea concreta. Los lanzadores de Grandes Ligas estudian, localizan y repiten hasta que el bateador demuestra que puede responder.
Para Montes, aprender a reconocer mejor los envíos y reducir los turnos que terminan sin contacto será fundamental si quiere disponer de más oportunidades para hacer daño.
Eso no obliga a pedirle que renuncie a su identidad. Un bateador con semejante poder necesita conservar la agresividad que lo hizo llegar. Lo que debe conseguir es administrarla. Escoger mejor la pelota que puede castigar, aceptar el boleto cuando corresponda y entender que a veces dejar pasar un lanzamiento ayuda a preparar el siguiente batazo.
Hay un antecedente favorable en su recorrido. Su porcentaje de embasado de .387 en las Menores muestra que su producción incluyó maneras de llegar a primera base más allá de los batazos largos. Recuperar esa combinación frente a un pitcheo superior será parte importante de su crecimiento y de la confianza que pueda ganarse para jugar con continuidad
BENDICIÓN PARA SEATTLE
Por eso me parece razonable imaginarlo convertido en un productor importante de carreras para Seattle. Tiene juventud, una trayectoria de poder y margen para mejorar. Hablar de un futuro grande está justificado; asignarle desde ahora una cifra anual de jonrones o una categoría de estrella sería adelantarse a un trabajo que todavía debe completar.
A los aficionados cubanos nos toca disfrutar ese proceso sin exigirle que resuelva toda su carrera en la próxima temporada. Habrá ajustes, rachas difíciles y momentos en que el pitcheo parezca llevarle ventaja. También habrá pelotas que salgan de su bate y recuerden por qué este muchacho despierta tantas expectativas.
Montes llega a los 22 con la puerta de Grandes Ligas abierta y razones para pensar que puede quedarse mucho tiempo. Ahora empieza la parte más exigente, convertir el talento en producción sostenida. La fuerza para hacerse sentir ya la mostró. Si consigue acompañarla de un contacto más frecuente, Seattle tendrá motivos para celebrar bastante más que su cumpleaños.



