Hay una imagen de Canelo Álvarez que muchos aficionados todavía conservan en la memoria: la de un campeón capaz de descifrar a su rival, irlo desgastando y terminar la noche con un golpe que dejaba fuera de discusión quién era el mejor.
Aquella versión del mexicano llevó a Caleb Plant a la lona dos veces en el undécimo asalto, en noviembre de 2021, y completó la conquista de las cuatro coronas del peso supermediano.
Desde entonces, Canelo no ha vuelto a ganar por nocaut. Y aunque eso no significa que haya perdido la pegada ni que haya dejado de ser un boxeador extraordinario, sí nos invita a mirar con atención lo que sucede cuando se sube al ring.
Ahora, a los 36 años y con 68 peleas profesionales sobre sus hombros, el mexicano se dispone a enfrentar el 31 de octubre en Riad a Christian Mbilli, campeón supermediano del Consejo Mundial de Boxeo.
La pregunta va mucho más allá del cinturón: ¿cuánto le queda a Canelo de aquel peleador que parecía tener una respuesta para casi todo?
EL INNEGABLE DESGASTE
Porque sería absurdo negar que el tiempo ha pasado. Canelo debutó como profesional siendo un adolescente, ha recorrido varias divisiones y ha compartido el ring con figuras que exigieron lo mejor de él. Los años de entrenamiento, los golpes recibidos y las noches de máxima tensión también forman parte de su historia, aunque no aparezcan en el récord.
Después de detener a Plant, el mexicano disputó ocho peleas y todas llegaron a las tarjetas. Venció, entre otros, a Gennady Golovkin, John Ryder, Jermell Charlo, Jaime Munguía, Edgar Berlanga y William Scull. También perdió ante Dmitry Bivol y, en su presentación más reciente, frente a Terence Crawford.
Son resultados que hablan de una oposición exigente y de un campeón que todavía podía ganar, pero que ya no terminaba los combates como en aquella etapa de 2020 y 2021.
Tampoco sería justo mirar solamente la ausencia de nocauts. Canelo derribó a Munguía y a Berlanga, y ante ambos mostró que sus golpes siguen teniendo suficiente autoridad para cambiar el curso de una pelea. Una cosa es no conseguir la detención y otra muy distinta es suponer que sus rivales pueden entrar sin pagar un precio.
ATENCIÓN A LOS DETALLES
La preocupación está en otros detalles. En determinados momentos se le ha visto pelear a un ritmo más pausado, elegir cuándo acelerar y pasar largos tramos buscando el golpe preciso.
Esa administración puede ser una virtud cuando encuentra los blancos y controla la distancia. Pero también puede convertirse en un problema ante un rival que se atreva a lanzar, sumar y obligarlo a trabajar más de lo que desea.
Crawford aprovechó sus recursos para vencerlo por decisión unánime en septiembre de 2025. Fue una derrota que dejó interrogantes, aunque atribuirla únicamente al desgaste sería quitarle mérito a un boxeador excepcional. Crawford también fue capaz de imponer su inteligencia, sus movimientos y su lectura de la pelea.
Mbilli plantea un examen diferente. Tiene 31 años, es cinco años menor que Canelo y está acostumbrado a avanzar, lanzar combinaciones y buscar el combate.
Su récord de 29 victorias, 24 por nocaut, y un empate habla de un hombre que puede hacer daño. Pero sus manos no son la única amenaza: también lo es la insistencia con la que intenta encontrar al rival.
Para un veterano que necesita escoger sus momentos, tener delante a alguien que no quiera concederle pausas puede ser una prueba incómoda. Si Mbilli consigue llevarlo hacia las cuerdas, trabajarle el cuerpo y mantener un ritmo alto, cada minuto podría exigirle a Canelo un esfuerzo que hace unos años resolvía con mayor facilidad.
NO SERA TAN FACIL PARA MBILI
Pero el campeón también tendrá que pensar en lo que deja abierto cuando ataque. Su empate dividido ante Lester Martínez, en septiembre de 2025, mostró tanto su disposición para ir hacia delante como la posibilidad de alcanzarlo en los intercambios.
Martínez encontró espacio para conectar golpes, incluidos los uppercuts, en una pelea de mucha acción.
Y ahí aparece una de las razones por las que sería prematuro descartar a Canelo. Frente a Crawford tuvo delante a un rival escurridizo, capaz de hacerlo perseguir y fallar. Mbilli, por sus características, podría ofrecerle oportunidades más claras para responder.
Si el mexicano encuentra el momento para conectar al cuerpo y hacer valer su contragolpe, puede obligar al campeón a pensarlo dos veces antes de avanzar.
La victoria sobre Munguía ofrece una referencia, aunque cada pelea tiene su propia historia. El joven mexicano salió con ambición, pero Canelo encontró el uppercut que lo llevó a la lona y después utilizó su experiencia para imponerse.
EL TEMA DE LA INACTIVIDAD
Contra Mbilli necesitará algo parecido: precisión para frenar las entradas y suficiente movilidad para no quedarse demasiado tiempo donde el campeón pueda lanzar a placer.
También habrá que observar cómo le sienta la inactividad. Canelo no pelea desde aquella derrota ante Crawford, hace más de un año. El propio mexicano aseguró a Reuters, tras llegar a Riad, que su cuerpo necesitaba ese descanso. Puede haberle servido para recuperarse; al mismo tiempo, solo en el ring sabremos cómo responde al ritmo de un combate de campeonato después de tantos meses. reuters.com
En lo personal, creo que Canelo todavía tiene herramientas para darle una gran pelea a Mbilli y vencerlo. Su defensa en la corta distancia, la capacidad para colocar golpes al cuerpo y la experiencia acumulada siguen siendo argumentos de mucho peso. Un peleador no necesita estar en su mejor versión histórica para ser peligroso.
Pero también creo que esta vez tendrá menos margen para regalar asaltos y esperar a que un solo golpe resuelva lo que no pudo construir durante la noche. Si Mbilli logra imponer su energía y Canelo no responde con suficiente frecuencia, el campeón puede ir sumando terreno en las tarjetas, incluso en aquellos momentos en los que el mexicano conecte los golpes más llamativos.
Tal vez la gran noche que busca Canelo ya no se parezca a la de Plant. Quizás no termine con un nocaut ni con una demostración de dominio absoluto. Podría ser una victoria trabajada, inteligente y dura, de esas en las que un veterano debe utilizar todo lo aprendido para compensar lo que los años le han quitado.
Ante Mbilli sabremos un poco más sobre esa reserva que le queda al mexicano. Canelo ha hecho demasiado en el boxeo como para darlo por terminado, pero el campeón que tendrá delante no ha llegado hasta aquí para contemplar su pasado. Ha llegado para poner a prueba su presente.



