Para unos, el invierno puede traer el contrato que llevaban años esperando. Para otros, bastará con una llamada que les permita seguir poniéndose un uniforme de Grandes Ligas. Entre esos dos extremos se mueve un grupo de peloteros cubanos que llegará al mercado rumbo a 2027 con nombres conocidos, cuentas pendientes y posibilidades muy diferentes. Compartir lugar de nacimiento no significa compartir poder de negociación.
La tentación sería dividirlos entre los que van a cobrar y los que tendrán que esperar, pero el béisbol suele complicar esas clasificaciones. Una revisión médica puede enfriar una negociación. Una necesidad urgente puede abrir una puerta que parecía cerrada. Y un jugador acostumbrado a ser protagonista puede descubrir que su siguiente oportunidad exige aceptar menos dinero, menos turnos o un papel que nunca imaginó.
Randy Arozarena aparece entre quienes deberían negociar desde una posición favorable. Su último año de arbitraje con Seattle lo deja encaminado al mercado al concluir esta temporada, con la posibilidad de escoger por primera vez el próximo capítulo de su carrera. Para él, la discusión debería girar alrededor de los años, el dinero y el proyecto deportivo que le ofrezcan.
Arozarena tiene algo que ayuda a vender boletos y, sobre todo, a sostener expectativas en octubre. Su historial en grandes escenarios forma parte de su atractivo, aunque ningún gerente responsable debería pagarle solamente por aquellos batazos que todavía circulan en las redes. El contrato será para el Randy de los próximos años. Ahí estará la negociación, en cuánto confíen los equipos en que su producción acompañará a su personalidad.
Adrián Morejón podría protagonizar una de las historias más interesantes del grupo. Durante mucho tiempo se habló de lo que podía llegar a ser; ahora su candidatura se sostiene en lo que ha conseguido desde el bullpen de San Diego. Un zurdo capaz de asumir situaciones importantes ofrece distintas soluciones a un dirigente, y esa flexibilidad puede convertirse en dinero cuando varios clubes buscan resolver el mismo problema.
Lo atractivo de Morejón es que permite imaginar un compromiso de varios años alrededor de un brazo todavía joven. Su temporada de 2026 fortalece esa posibilidad, pero conviene resistirse a colocarle una cifra antes de que comiencen las conversaciones. Tiene argumentos para despertar competencia entre compradores. Cuánto estén dispuestos a pagar será otra historia.
Raisel Iglesias llega por una vía distinta. En su caso, el valor está en el oficio, en conocer la novena entrada y en haber vivido suficientes noches difíciles para entender que un cerrador necesita mucho más que buenos lanzamientos. Su acuerdo de un año con Atlanta lo encamina nuevamente a la agencia libre. La edad pesará en la duración de las ofertas, pero la experiencia puede ayudarlo a encontrar un equipo que necesite seguridad al final de los juegos.
Para Lourdes Gurriel Jr., en cambio, el invierno llega después de una despedida amarga. Arizona lo designó para asignación en septiembre, durante una campaña castigada por lesiones y escasa producción. Cuesta reconciliar esa salida con el recuerdo del bateador que ayudó a los Diamondbacks a llegar a la Serie Mundial de 2023, pero las organizaciones toman decisiones con la urgencia del presente. Su siguiente oportunidad dependerá mucho de cuánto confíen en su recuperación física.
Gurriel debería despertar interés si demuestra que puede mantenerse en el terreno. Eso no equivale a asegurarle un puesto cotidiano ni un contrato cómodo. Habrá equipos dispuestos a estudiar su caso como una oportunidad de recuperar producción a un costo razonable. A él le corresponderá demostrar que los problemas recientes no se han llevado por delante al bateador que todavía siente ser.
Jorge Soler también tendrá que defender su lugar. El poder sigue siendo un argumento, pero el mercado de los bateadores designados obliga a competir por un número reducido de empleos. Cuando el principal aporte de un jugador está en el bate, necesita producir lo suficiente para justificar los turnos que recibe. Soler figura entre los potenciales agentes libres de este invierno y deberá convencer de que sus jonrones compensan las limitaciones del resto de su juego.
El caso de Adolis García despierta otra clase de inquietud. Su campaña con Philadelphia quedó interrumpida por una lesión que requirió cirugía, después de una producción ofensiva por debajo de lo esperado. El hombre que fue decisivo en la conquista de Texas en 2023 conserva un pasado que merece respeto, pero su próximo empleador querrá saber cómo está el cuerpo y cuánto de aquel bateador puede recuperar. La nostalgia puede conseguir una conversación; difícilmente cierre por sí sola un contrato.
Con Yoán Moncada, la paciencia vuelve a ocupar el centro de la discusión. Los Angels apostaron por él con un acuerdo de un año y cuatro millones de dólares para 2026, otra oportunidad para estabilizar una carrera que ha dejado demasiadas preguntas abiertas. Si consigue un nuevo contrato, su representante habrá hecho un buen trabajo, desde luego. Pero será Moncada quien deba sostenerlo con disponibilidad y producción. Hace tiempo que su talento necesita continuidad para recuperar credibilidad.
Néstor Cortés tendrá que convencer desde el montículo y desde el expediente médico. Su llegada tardía a los Phillies se produjo después de una operación en el brazo de lanzar, un antecedente que cualquier interesado examinará con cuidado. Un zurdo con experiencia puede encontrar espacio, especialmente si acepta distintas funciones. Para Cortés, demostrar salud será el primer paso para discutir todo lo demás.
Luis Robert Jr. merece un párrafo aparte porque su entrada al mercado depende de una decisión de Baltimore. Los Orioles tienen una opción de 20 millones de dólares para 2027, con una compensación de dos millones si la rechazan. En esa evaluación convivirán el atractivo de sus herramientas y las dudas sobre cuánto pueden contar con ellas durante una temporada. Es una decisión importante para el equipo y, posiblemente, para el rumbo de su carrera.
Ese es el invierno que espera a este grupo de cubanos. Arozarena y Morejón pueden aspirar a compromisos importantes; Iglesias tiene experiencia para defender su valor; los demás deberán responder preguntas más incómodas. Todos conocen la sensación de llegar a Grandes Ligas. Ahora a varios les toca enfrentar una prueba menos celebrada y, a veces, igual de difícil, conseguir que alguien vuelva a apostar por ellos.



