Los Marlins no estarán en la Serie Mundial, pero sus aficionados encontrarán motivos para reconocer caras, desempolvar recuerdos y, quizás, dejar escapar algún suspiro.
Entre Tampa Bay y Milwaukee hay un pequeño álbum de familia de Miami. Cambiaron las camisetas, cambiaron los caminos, pero ciertas imágenes permanecen: aquel muchacho que prometía, aquel receptor que trabajaba sin demasiado ruido, aquel jardinero al que uno imaginaba durante muchos años en el mismo lugar.
Víctor Mesa Jr., Liam Hicks, Nick Fortes y Cole Sulser forman parte de los Rays; Corey Dickerson los acompaña ahora desde su función de entrenador. Del otro lado aparece Christian Yelich con los Cerveceros.
Seis nombres, seis recorridos y una conexión que convierte esta Serie Mundial en algo un poco más cercano para quienes han seguido al club del sur de la Florida. A veces basta un apellido conocido para que un partido entre otras ciudades empiece a sentirse también nuestro.
LA BUJIA MESA
El caso de Mesa tiene un sabor especial para la comunidad cubana. Miami fue la organización donde comenzó a construir su carrera profesional y donde llegó a las Grandes Ligas. Después vino el cambio a Tampa Bay y, con él, la oportunidad de abrirse espacio en otro sitio. Ahora el muchacho está a las puertas del escenario que tantos peloteros persiguen durante una vida entera. Para quienes lo vieron crecer dentro del sistema de los Marlins, verlo allí supone una alegría que sobrevive al uniforme.
Hay algo hermoso en esos caminos que tardan en encontrar su dirección. El desarrollo de un jugador rara vez respeta las prisas de los demás. Un prospecto necesita turnos, tropiezos, ajustes y, en ocasiones, una puerta distinta.
Mesa ofrece una razón para recordar que una salida tampoco tiene que ser el último capítulo. Puede ser el comienzo de la parte que más adelante queremos contar.
CONEXIÓN ENMASCARADA
Detrás del plato, la conexión resulta todavía más curiosa. Hicks y Fortes, dos receptores que pasaron por Miami, terminaron reunidos en Tampa Bay. Fortes llegó a los Rays en julio de 2025; Hicks lo hizo antes del cierre de cambios de 2026.
Para el aficionado de los Marlins, verlos alternarse la máscara será como encontrar a dos antiguos vecinos trabajando juntos en otra ciudad. El béisbol tiene esas vueltas: lo que un equipo separa, otro termina juntándolo.
Los receptores, además, cargan una parte del juego que no siempre cabe en los resúmenes. Reciben golpes, estudian bateadores, procuran entender qué lanzamiento funciona esa noche y cuál conviene guardar.
Su trabajo ocurre muchas veces lejos del aplauso. Por eso también merece una mirada esta reunión de Hicks y Fortes: dos rostros familiares para Miami participando desde una posición donde ganar exige bastante más que conectar un batazo.
Sulser representa otro recorrido, el del relevista que va dejando entradas y compañeros por distintas organizaciones. En 2022 lanzó en 39 encuentros con los Marlins. Su paso por Miami fue breve, pero suficiente para formar parte de esa memoria que los aficionados conservan de manera desigual: unos recuerdan un ponche; otros, una noche complicada; otros apenas el nombre cuando vuelve a aparecer en la televisión. Ahora ese nombre está conectado con una Serie Mundial.
Dickerson aporta una vuelta adicional a la historia. Vistió el uniforme de Miami como jardinero y hoy ayuda a los Rays desde el cuerpo técnico, trabajando con los defensores de los jardines.
Su presencia recuerda que el viaje hacia octubre también puede continuar cuando se termina la etapa de perseguir elevados y enfrentarse a rectas. La experiencia cambia de oficio: lo aprendido en el terreno empieza a servir para orientar a quienes todavía juegan.
EL INOLVIDABLE YELICH
Y entonces está Yelich. Con él, la nostalgia tiene más peso. En Miami se le vio convertirse en un bateador capaz de hacer pensar en un futuro largo y compartido.
Su salida hacia Milwaukee, en enero de 2018, dejó una de esas preguntas que acompañan durante años a una afición: hasta dónde habría llegado aquel equipo si algunas piezas hubieran permanecido juntas. El tiempo siguió, como siempre sigue, aunque ciertas despedidas nunca terminen de acomodarse en la memoria.
Yelich ganó el premio al Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en su primera temporada con los Cerveceros. Ahora busca con Milwaukee el campeonato que le falta a la franquicia.
Para un seguidor de los Marlins pueden convivir dos sentimientos perfectamente humanos: alegrarse por el pelotero y lamentar que sus grandes momentos hayan ocurrido tan lejos. No hace falta escoger uno. Querer a un equipo también consiste en aprender a mirar a quienes se fueron.
Sería demasiado fácil convertir esta lista en otro juicio contra Miami. Cada salida tuvo sus circunstancias y cada carrera necesitó su propio tiempo. Lo que sí ofrece esta Serie Mundial es una oportunidad de mirar el béisbol con algo de perspectiva.
Un jugador pasa por una organización, deja trabajo, amistades y recuerdos, y después lleva parte de todo eso al siguiente vestuario. Las transacciones cambian las nóminas con mayor rapidez que los afectos.
Cuando comiencen a jugar los Rays y los Cerveceros, habrá aficionados de Miami pendientes del turno de Yelich, de una carrera de Mesa, del trabajo de Hicks y Fortes, de una aparición de Sulser o de Dickerson junto al terreno.
Los Marlins estarán ausentes del calendario, pero tendrán rostros conocidos en ambos lados. Y quizás esa sea la manera más bonita de acercarse a esta Serie Mundial: reconocer que, aunque la fiesta sea en otra casa, también hay gente nuestra entre los invitados.



