Miguel Vargas habla de ganar la Serie Mundial con los White Sox y ya nadie tiene motivos para soltar una carcajada. Chicago, que hace apenas dos años perdió 121 partidos, está jugando en octubre y acaba de golpear primero frente a Cleveland.
El cambio merece atención, porque salir de semejante desastre exige bastante más que renovar uniformes y repartir discursos optimistas en los entrenamientos de primavera.
“Yo creo que este equipo es diferente, somos diferentes, nos divertimos mucho, la pasamos bien y creo que eso es lo más importante para nosotros”, expresó el cubano a MLB Español después de la victoria del sábado. La declaración pudiera parecer rutinaria en cualquier otro clubhouse.
En el de los Medias Blancas tiene otro peso. Recuperar el placer de jugar también cuenta cuando una organización ha pasado tanto tiempo encontrando nuevas maneras de perder.
COMBINACIÓN CUBANO-JAPONESA
Vargas y Munetaka Murakami ofrecen una buena explicación de por qué ahora vale la pena mirar hacia el sur de Chicago.
El sábado, el cubano abrió el cuarto episodio con un sencillo y el japonés lo llevó hasta el plato con un jonrón de dos carreras que encaminó el triunfo 3-0 en el primer encuentro de la Serie Divisional. Los dos protagonistas del cambio aparecieron juntos en la jugada que decidió la tarde.
El caso de Vargas resulta especialmente interesante. Llegar desde los Dodgers suponía abandonar una organización acostumbrada a competir por todo y encontrar espacio en otra que necesitaba reconstruirse.
Para un pelotero joven, semejante traslado puede sentirse como un retroceso. También puede abrir la puerta que antes estaba entrecerrada. Chicago le ofreció la posibilidad de asumir responsabilidades, de atravesar dificultades y de construir un lugar propio sin tener que resolver su futuro en cada turno al bate.
Murakami añadió una amenaza que modifica la manera de enfrentar a esa alineación. Un bateador capaz de cambiar el marcador con un swing obliga al rival a tomar decisiones distintas y les da a sus compañeros una razón para creer que cualquier oportunidad puede convertirse en carreras.
Su jonrón ante Cleveland permitió ver ese efecto en el escenario donde más importa. La presencia del japonés, junto al crecimiento de Vargas, ayuda a que Chicago tenga figuras alrededor de las cuales construir una identidad.
Conviene, por supuesto, repartir el crédito. Cinco lanzadores se combinaron para dejar a Cleveland en tres imparables, una contribución indispensable para que aquel batazo terminara siendo suficiente.
Esa es la parte de la transformación que merece tanto reconocimiento como los nombres más visibles. Un equipo empieza a ser peligroso cuando encuentra varias formas de ganar y puede sostener una ventaja pequeña bajo la presión de octubre.
UNA ALTA BENDICION
Y está el detalle que permite tomarse todo esto con una sonrisa. Los White Sox son el equipo preferido del papa León XIV, cuya afición por la franquicia está bien documentada.
Después de tanto sufrimiento, sus seguidores podrían reclamar que la ayuda de arriba llegó con cierto retraso. Aunque, viendo a Vargas embasarse y a Murakami sacar la pelota, quizá lo prudente sea agradecer la bendición y seguir trabajando en la caja de bateo.
“La mentalidad es jugar un juego a la vez, estamos haciendo un buen trabajo. Todos soñamos con ganar la Serie Mundial y esa es la meta”, agregó Vargas. Ahí aparece el equilibrio que necesita Chicago.
La ambición puede llegar hasta noviembre, pero el trabajo tiene que concentrarse en el próximo partido. Una victoria ante Cleveland no completa la reconstrucción ni garantiza el siguiente paso; sí demuestra que estos Medias Blancas tienen argumentos para competir.
Para Vargas, ser parte de ese proceso ofrece una satisfacción particular. Está ayudando a darle otro sentido a una camiseta que durante demasiado tiempo estuvo asociada al fracaso.
Y para la afición, incluida la que sigue los resultados desde el Vaticano, vuelve a existir una preocupación mucho más agradable: averiguar hasta dónde puede llegar este equipo. Después de aquellos 121 tropiezos, tener razones para discutir una Serie Mundial ya constituye un cambio enorme.



