Los Dodgers tenían cuatro carreras de ventaja y un estadio que había recuperado la voz. Milwaukee tenía algo más difícil de medir: la convicción de que aquella noche podía terminar una espera de 44 años. Cuando cayó el último out, los campeones estaban eliminados y los Cerveceros habían convertido la casa del gigante en el escenario de su fiesta.
Milwaukee completó este jueves una barrida que golpea por el resultado y por el adversario. Su victoria 6-4 cerró la Serie de Campeonato de la Liga Nacional y dejó fuera a los ganadores de las dos últimas Series Mundiales. Un año después de sufrir una eliminación en cuatro juegos frente a Los Ángeles, los Cerveceros devolvieron el golpe con la misma contundencia.
SORPRESA Y NO SORPRESA
Habrá quien mire este desenlace y todavía quiera hablar de sorpresa. La reputación de los Dodgers invitaba a colocarlos por delante de cualquiera, pero Milwaukee acaba de impartir una lección sobre los peligros de confundir los nombres con el funcionamiento de un equipo. Durante cuatro partidos, los Cerveceros encontraron respuestas. Los Ángeles fue acumulando preguntas hasta quedarse sin calendario para resolverlas.
El último encuentro resumió esa diferencia. Andy Pagés remolcó una carrera con un sencillo en el segundo episodio y Shohei Ohtani agregó un jonrón de tres anotaciones que puso el marcador 4-0. Por un momento, el batazo del japonés pareció la chispa que tanto habían esperado los Dodgers. Había razones para imaginar un quinto juego, para pensar que el orgullo del campeón todavía podía alargar la pelea.
Pero Milwaukee siguió jugando con la paciencia de quien entiende que cuatro carreras son una desventaja, no una sentencia. Jake Bauers acercó a los visitantes con un doble que impulsó dos en el cuarto capítulo. En el quinto, David Hamilton produjo otra mediante un sencillo al central y el propio Bauers negoció un boleto con las bases llenas. La ventaja que había encendido las tribunas desapareció entre buenos turnos y oportunidades aprovechadas.
Entonces llegó Garrett Mitchell. En el sexto episodio castigó a Tanner Scott con el cuadrangular que puso delante a los Cerveceros, 5-4. El batazo cambió el marcador y dejó a los Dodgers frente a una realidad incómoda: habían conseguido el arranque que necesitaban y, aun así, estaban otra vez a merced de un rival que se negaba a concederles una noche.
Hamilton añadió un vuelacercas solitario frente a Edwin Díaz en el noveno, una carrera de enorme valor cuando todavía faltaban tres outs para asegurar el viaje. Milwaukee había fabricado su regreso con un doble, un sencillo y un boleto; después recurrió al poder para tomar distancia. Esa variedad de recursos explica buena parte de su fortaleza. Podía lastimar de distintas maneras y tuvo la serenidad para elegir cada una en el momento preciso.
El pitcheo hizo el resto. Después del segundo inning, Los Ángeles no volvió a anotar. Aaron Ashby cerró el encuentro con tres entradas sin carreras y se llevó el salvamento. Mientras la ofensiva de Milwaukee reconstruía el partido, sus brazos fueron estrechando el margen de unos Dodgers que terminaron esperando un batazo salvador que nunca llegó.
BIEN PAGES EN CAUSA PERDIDA
Para Pagés, la despedida tuvo el sabor amargo de una buena actuación individual que no alcanzó. El jardinero cubano bateó de 4-2, con un doble, una impulsada y una anotada. Hizo su parte en la noche decisiva, pero el béisbol también tiene estas crueldades: a veces uno encuentra los batazos y, al levantar la vista, descubre que la temporada se ha terminado.
La derrota obliga a mirar a los Dodgers sin el resplandor de sus títulos recientes. Su grandeza permanece; su candidatura a una tercera corona consecutiva se acabó en cuatro encuentros.
Milwaukee les quitó la posibilidad de reaccionar, de ajustar, de encontrar una segunda vida. Una barrida tiene esa dureza: deja muy poco espacio para discutir quién jugó mejor.
Los Cerveceros esperarán ahora al ganador del enfrentamiento entre Cleveland y Tampa Bay, que los Guardians dominan 2-1. Llegarán a la Serie Mundial con la autoridad de haber derribado al equipo que parecía custodiar la entrada. Y también con una deuda pendiente con su propia historia: transformar este regreso, el primero desde 1982, en el campeonato que la franquicia todavía persigue.
Cuarenta y cuatro años dan para que envejezcan los aficionados que estuvieron allí y crezcan generaciones enteras escuchando hablar de aquella Serie Mundial.
Ahora Milwaukee tendrá una historia nueva que contar. La empezó a escribir frente a los favoritos, la firmó remontando cuatro carreras y la celebró en Los Ángeles. El gigante cayó. Los Cerveceros siguen jugando.



