Oliver Zaren resistió cuanto pudo, hasta que su propia esquina decidió que había recibido suficiente.
Osleys Iglesias fue acumulando castigo, cerrándole las posibilidades y convirtiendo la primera defensa de su corona de la Federación Internacional de Boxeo en otro argumento para reclamar las grandes peleas del peso supermediano.
El cubano conservó sus títulos FIB e IBO este jueves en el Théâtre Capitole de Quebec, donde el excampeón mundial Mikkel Kessler lanzó la toalla en el séptimo asalto para proteger a su pupilo. Zaren seguía dispuesto a combatir, pero su voluntad ya no alcanzaba para equilibrar una pelea que Iglesias había puesto bajo su control.
Con el triunfo, Iglesias elevó su récord a 16 victorias sin derrotas, con 15 por la vía rápida. Son números que impresionan, aunque esta vez el interés estuvo también en la manera de construir el desenlace.
VENCE A UN HOMBRE MUY FUERTE FISICAMENTE
Acostumbrado a resolver algunas de sus presentaciones con una rapidez que apenas permite conocerlo, el cubano tuvo delante a un hombre capaz de soportar sus golpes y obligarlo a trabajar durante más tiempo.
La aparente ventaja física del danés no alteró el rumbo del combate. Iglesias encontró con frecuencia el blanco y aumentó el volumen de sus ataques conforme avanzaban los episodios, mientras el retador devolvía demasiado poco para frenar al campeón. Cada asalto dejaba a Zaren con menos recursos y a su entrenador con más razones para pensar en la detención.
Ahí estuvo uno de los detalles que conviene rescatar de la noche. La pegada de Iglesias suele acaparar la conversación, pero también hace falta paciencia para desarmar a un adversario que se niega a caer.
El cubano no necesitó una terminación temprana para imponer su superioridad. Pudo sostener el castigo hasta que Kessler tomó una decisión sensata, de esas que protegen al boxeador incluso cuando este todavía quiere seguir.
Zaren, de 26 años, sufrió su primera derrota y quedó con balance de 19-1-1 y ocho nocauts. Llegaba a su primera oportunidad mundialista como quinto clasificado de la FIB, pero sin una victoria sobre una figura principal de la categoría. Su resistencia merece reconocimiento; también quedó expuesta la distancia entre mantenerse de pie ante un campeón y disponer de las herramientas para disputarle el cinturón.
UN GRAN MOMENTO PARA IGLESIAS
Para Iglesias, de 28 años, la victoria prolonga una secuencia de detenciones sobre Vladimir Shishkin, Pavel Silyagin y ahora Zaren. Ante Silyagin había conquistado en abril el título vacante de la FIB que defendió por primera vez en Quebec.
Esa continuidad le permite reclamar un escalón superior, aunque todavía falta verlo frente a los nombres que concentran el poder deportivo y comercial de las 168 libras.
El propio campeón dejó claro hacia dónde quiere caminar. “Espero que el ganador [de Canelo-Mbilli] me enfrente. Me gustaría que mi próxima pelea fuera una unificación”, expresó Iglesias al poner la mirada en el choque previsto para el 31 de octubre entre Saúl “Canelo” Álvarez y Christian Mbilli. Su petición tiene fundamento deportivo. Conseguir que se concrete dependerá también de las decisiones de quienes manejan esas carreras.
Iglesias hizo en Quebec lo que estaba en sus manos. Defendió sus coronas, conservó el invicto y castigó a otro aspirante hasta forzar la intervención de su esquina.
Ahora le corresponde al entorno del campeón convertir esa superioridad en una oportunidad mayor. Porque el cubano puede seguir despachando retadores, pero para conocer hasta dónde llega su boxeo necesita que alguno de los grandes acepte compartir el ring con él.




