A Nick Martínez lo sacaron una vez del Yankee Stadium. Este miércoles, el derecho de los Rays tendrá la oportunidad de contribuir a que sean los Yankees quienes se despidan de octubre.
Entre aquella noche de estudiante y esta apertura de postemporada hay una carrera que le da a la anécdota bastante más sustancia que una simple travesura de juventud.
Martínez estudiaba en la Universidad de Fordham y aprovechaba los días libres para ver béisbol en el Bronx. La cancelación de una práctica dejó tiempo para visitar el estadio con su compañero de cuarto.
El rival era Boston y la salida terminó antes de lo previsto, después de unas bebidas de más y de sumarse al alboroto de las gradas. Años después, el propio lanzador contaría el episodio con una sonrisa.
“Tal vez tomamos unas cuantas bebidas para adultos de más. Nos echaron”, recordó en mayo, según las declaraciones recogidas por MLB.
REGRESO CON LA PELOTA EN MANO
Lo curioso es que la siguiente vez que regresó al parque lo hizo como lanzador de Grandes Ligas. El muchacho que antes buscaba un asiento en las gradas ya tenía un lugar en el terreno.
Su relación con Nueva York venía de aquellos años en Fordham, donde jugaba en el cuadro y también trabajaba como relevista. Los Rangers lo seleccionaron en la ronda 18 del draft de 2011.
Cuatro temporadas en Japón y su posterior regreso a las Grandes Ligas formaron parte de un recorrido que exigió paciencia y adaptación antes de alcanzar este momento a los 36 años. Hay carreras que encuentran su mejor versión después de varios desvíos, y la de Martínez merece leerse desde esa perspectiva.
Por eso resulta tan atractivo verlo ahora con la responsabilidad de abrir el tercer encuentro de una Serie Divisional.
TAMPA BAY VA CON TODO
Tampa Bay llega con ventaja de 2-0 en una eliminatoria al mejor de cinco y puede asegurar su pase a la Serie de Campeonato de la Liga Americana. Nueva York necesita ganar para seguir jugando; Martínez deberá trabajar frente a una afición que tiene mucho en juego.
El recuerdo universitario añade color a una noche cuya importancia se sostiene por sí sola.
Los Rays cuentan con razones deportivas para entregarle la pelota. En su primera campaña con el club terminó con 15 victorias, seis derrotas y efectividad de 3.10, además de recibir su primera selección al Juego de Estrellas.
Su desempeño como visitante fue especialmente sólido, con promedio de carreras limpias de 2.38. El viejo conocido del Bronx regresa respaldado por una temporada que le ganó esta oportunidad.
La familiaridad con el parque puede ayudar, aunque ninguna visita a las gradas prepara por completo a un lanzador para una noche de eliminación. Habrá que ejecutar los envíos, contener a los bateadores y evitar que el ruido cambie el ritmo de su trabajo.
La anécdota provoca una sonrisa antes del primer lanzamiento; a partir de entonces, el partido exigirá toda su atención. Aquel universitario salió del estadio con una historia que contar a sus amigos.
El veterano cubanoamericano vuelve con la posibilidad de dejar un recuerdo mucho más importante para Tampa Bay. Ya conoce la salida del Yankee Stadium. Esta vez le toca intentar que los Rays salgan de allí rumbo a la siguiente ronda.



