Algo cambió en Cleveland desde que los White Sox lo pusieron al borde de la eliminación. Los Guardians, que necesitaban ganar tres veces seguidas para sobrevivir en la Serie Divisional, parecen haber encontrado en aquella urgencia una manera de jugar octubre.
Este lunes volvieron a demostrarlo al remontar frente a Tampa Bay y llevarse un triunfo de 7-3 que obliga a mirar su candidatura a la Serie Mundial con otros ojos.
Todavía les faltan tres victorias para conquistar la Liga Americana, pero ya existen razones para creer en ellos. Cleveland ha ganado cuatro encuentros consecutivos de postemporada, tres cuando una derrota significaba recoger los bates y marcharse a casa.
Esa respuesta ante Chicago, coronada con una blanqueada de 2-0 en el choque decisivo, empieza a darle sentido a lo ocurrido ahora frente a unos Rays que llegaron con 98 triunfos y argumentos suficientes para sentirse favoritos.
CONTRA TODO PRONÓSTICO
Durante buena parte de la noche, Tampa Bay parecía dispuesto a confirmar ese pronóstico. Drew Rasmussen mantuvo el control y los Guardians tuvieron que trabajar cada oportunidad frente a un rival que suele conceder poco.
Sin embargo, Cleveland consiguió mantenerse cerca en la pizarra, una condición indispensable para que su ofensiva pudiera cambiar el partido cuando apareciera una apertura.
Chase DeLauter había encontrado una con un cuadrangular hacia la banda contraria. Después llegó la decisión que pesará en el análisis de esta primera derrota de los Rays. Rasmussen había completado seis entradas y acumulaba 90 lanzamientos cuando salió nuevamente para el séptimo episodio.
Patrick Bailey castigó el primer envío con un jonrón de 436 pies hacia el jardín derecho-central, el más largo de su carrera en las Grandes Ligas, para igualar el encuentro.
Era una decisión defendible por la actuación del abridor hasta ese momento, pero el resultado dejó a Tampa Bay sin la ventaja y a Cleveland con una oportunidad que supo aprovechar.
UNA PRESION CONSTANTE
Ahí también se reconoce a un equipo peligroso en octubre. Los Guardians habían pasado seis entradas tratando de alcanzar a su adversario y, cuando lo consiguieron, continuaron presionando hasta ponerse delante.
Nathaniel Lowe produjo el batazo decisivo en el octavo, un sencillo por el centro que llevó hasta el plato a DeLauter y José Ramírez. Cleveland tomó una delantera que amplió con tres carreras en el noveno, suficientes para darle tranquilidad al cierre y convertir una noche inicialmente favorable a los Rays en otra demostración de la capacidad de reacción de los visitantes.
El relevo tuvo mucho que ver con esa posibilidad. Foster Griffin permitió dos carreras en cuatro entradas y dejó el encuentro en manos de Daniel Espino, Joey Cantillo, Hunter Gaddis y Erik Sabrowski, quienes cubrieron un episodio cada uno antes de la aparición de Cade Smith en el noveno.
Esa distribución sostuvo a Cleveland mientras llegaban los batazos. La remontada se construyó también desde el montículo, evitando que Tampa Bay se alejara cuando todavía dominaba el juego.
UNA FUERTE CANDIDATURA
Por eso la candidatura de los Guardians empieza a sostenerse en algo más concreto que una racha favorable. Frente a Chicago demostraron que podían ganar bajo la amenaza de la eliminación y cerrar una serie con una actuación de pitcheo dominante.
Frente a Tampa Bay probaron que también podían tener paciencia ante un abridor efectivo, empatar con poder y decidir mediante un batazo oportuno. Son distintas respuestas a distintos problemas, una cualidad que adquiere enorme valor cuando cada rival intenta quitarte tu mejor herramienta.
Los Rays conservan recursos para responder y una derrota no borra lo que hicieron durante la temporada. Pero Cleveland ya aseguró al menos una victoria como visitante antes de recibir los juegos tercero, cuarto y quinto. En una serie entre dos organizaciones que saben apoyarse en el pitcheo y la defensa, ese primer triunfo puede pesar bastante.
Ahora Tampa Bay tendrá que encontrar la manera de frenar a un adversario cuya confianza viene creciendo desde los días en que parecía condenado ante los White Sox.



