Randy Arozarena fue elegido Jugador Más Valioso de los Seattle Mariners en 2026 por el capítulo de Seattle de la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA), un reconocimiento que corona una campaña en la que Arozarena ha vuelto a demostrar algo que comienza a parecer demasiado habitual: su capacidad para producir prácticamente en todas las dimensiones del juego.
A falta de los últimos compases de la temporada regular, el jardinero cubano batea para .279, con 26 jonrones, 76 carreras impulsadas, 25 bases robadas y un OPS de .859 en 151 encuentros. Números importantes por separado, pero todavía más reveladores cuando se observan como un conjunto.
Porque Arozarena no es solamente poder. Tampoco es únicamente velocidad. Su verdadero valor está precisamente en esa combinación y en una consistencia que pocas veces recibe el reconocimiento que merece.
Por sexta temporada consecutiva ha alcanzado al menos 20 cuadrangulares y 20 bases robadas, una continuidad que habla de mucho más que talento. Habla de durabilidad, preparación y de la capacidad de mantener su impacto durante una campaña de 162 juegos, cuando el cuerpo comienza a pasar factura y cada turno al bate pesa un poco más.
Pero existe otra estadística que pudiera darle un significado todavía mayor a su temporada.
Sus 109 carreras anotadas lideran la Liga Americana. Si consigue terminar el calendario en la cima, Arozarena se convertiría en el primer jugador de Seattle que encabeza ese departamento desde Ken Griffey Jr. en 1997. No es poca cosa cuando el nombre que aparece al otro lado de la comparación pertenece a una de las mayores leyendas en la historia de la franquicia.
Y quizá ahí se encuentre una de las mejores maneras de entender lo que Randy ha conseguido en Seattle. Llegó a una organización que necesitaba producción, energía y personalidad, y poco a poco ha ido haciendo suyo un espacio dentro del equipo.
Arozarena siempre ha jugado con una energía diferente. Desde aquella explosión que lo presentó al gran público en octubre de 2020, su carrera ha estado acompañada por los brazos cruzados, las botas, las celebraciones y esa personalidad que conecta con las tribunas. Pero detrás de todo eso existe un pelotero tremendamente consistente.
Los números de 2026 vuelven a demostrarlo.
A los 31 años, Randy no vive de aquel octubre inolvidable ni de lo que hizo ayer. Sigue produciendo hoy. Sigue corriendo. Sigue sacando pelotas del parque. Sigue anotando carreras. Y continúa siendo capaz de cambiar un juego de varias maneras.
Por eso el premio de los escritores de Seattle tiene un significado especial. No se trata de una elección basada en un momento espectacular ni en una racha determinada, sino del reconocimiento a todo lo realizado durante una temporada larga.
Randy Arozarena llegó hace tiempo a las Grandes Ligas para quedarse. Ahora, con otra campaña de 20-20 en el bolsillo y el premio al Jugador Más Valioso de los Mariners, el cubano sigue construyendo algo todavía más difícil que una gran temporada.



