Sal Stewart terminó la temporada con números que muchos veteranos firmarían sin pensarlo demasiado.
A sus 22 años, el cubanoamericano conectó 32 jonrones, remolcó 112 carreras y participó en los 162 encuentros de Cincinnati. Su presencia entre los diez finalistas de la Liga Nacional al Premio Hank Aaron pone reconocimiento a una campaña que obliga a mirar al muchacho con otros ojos.
Lo interesante es entender cómo llegó hasta aquí. El poder suele ser lo primero que llama la atención, porque una pelota en las gradas se explica sola, pero Stewart venía construyendo su reputación desde mucho antes.
CONEXIÓN MIAMI Y LAS MENORES
Formado en Westminster Christian, en el sur de la Florida, fue seleccionado por los Reds con el turno 32 del draft de 2022. La organización apostó por un bate que traía buenos fundamentos y una trayectoria escolar que justificaba el entusiasmo.
Su recorrido por las Menores permite encontrar algunas respuestas. En 2023 registró un OPS de .819 durante su paso por Daytona y terminó aquella campaña en Dayton con un porcentaje de embasado de .397.
En 2025, antes de recibir la llamada a las Grandes Ligas, llegó a batear .315 con un OBP de .401 y un slugging de .654 en sus primeros 35 partidos en Triple A. Había contacto, capacidad para llegar a las bases y una fuerza que empezaba a manifestarse con mayor frecuencia. Cincinnati tenía motivos para acelerar su llegada.
Ahí aparece una de las claves de su éxito. Stewart desarrolló una base ofensiva que le permitía producir de distintas maneras antes de convertirse en un bateador de 32 cuadrangulares en las Mayores. Para un joven, esa formación tiene mucho valor.
Cuando el jonrón tarda en aparecer, hace falta encontrar otra forma de contribuir; de lo contrario, cada turno puede convertirse en una persecución desesperada del próximo batazo largo.
UN BATEADOR INTELIGENTE
También ha mostrado confianza para atravesar los bajones y capacidad de utilizar todo el terreno, dos cualidades destacadas por Terry Francona.
La importancia de eso se entiende fácilmente. Los lanzadores de Grandes Ligas descubren debilidades, cambian sus patrones y obligan a responder. Un bateador que puede producir hacia distintas zonas dispone de más recursos para enfrentar esos ajustes. La fuerza ayuda mucho; saber cuándo y dónde emplearla permite aprovecharla mejor.
Ahora bien, conviene leer su temporada completa sin dejarse llevar únicamente por los dos números más vistosos. Stewart terminó con promedio de .263, porcentaje de embasado de .330 y OPS de .787. Es una campaña valiosa para un jugador de su edad, aunque todavía deja espacio para crecer.
Si consigue llegar a las bases con mayor frecuencia mientras conserva buena parte de su poder, Cincinnati tendrá un bateador bastante más difícil de neutralizar.
Las 112 impulsadas merecen reconocimiento, pero también requieren contexto. Para remolcar hay que encontrar compañeros en circulación y recibir oportunidades dentro de la alineación.
Esa cifra habla de su aporte al equipo; por sí sola no demuestra que sea mejor bateador que otro con menos impulsadas. Lo alentador es la combinación de 164 imparables, poder y presencia diaria. Stewart acumuló producción durante una temporada entera, con todo el desgaste que eso supone.
DISPONIBLE DIA TRAS DIA
De hecho, los 162 partidos pueden ser el dato menos celebrado de su año. Estar disponible cada día ofrece oportunidades para sumar, aprender y corregir. También refleja la confianza de un equipo que siguió encontrándole espacio.
A los 22 años, sostener esa participación mientras se enfrenta por primera vez el calendario completo de las Mayores constituye una parte importante del logro.
Para quienes siguen a los peloteros de raíces cubanas, su aparición amplía una conversación que ya incluye a Yordan Álvarez, Randy Arozarena, Yandy Díaz y Miguel Vargas. Stewart aporta otra trayectoria, nacida y desarrollada en el sur de la Florida, a esa presencia ofensiva. Su apellido empieza a ganarse espacio por lo que hace con el bate.
El próximo reto será sostenerlo cuando los rivales lleguen con un expediente más grueso sobre sus debilidades. Habrá que mejorar decisiones, corregir zonas vulnerables y evitar que las expectativas lo empujen a buscar 40 jonrones en cada swing.
Pero su historia hasta aquí ofrece una base razonable para el optimismo. Cincinnati ya tiene a un joven capaz de producir durante todo un año; ahora le toca ayudarlo a convertir esa primera gran temporada en el comienzo de una carrera importante.



