Sebastián Fundora tiene razones para pensar en las grandes peleas que pueden venir, pero este sábado necesita ocuparse de un hombre que pretende arruinarle los planes.
Ermal Hadribeaj no llega con un apellido que venda por sí solo ni con una pegada que provoque escalofríos. Llega invicto y con una oportunidad mundialista que difícilmente quiera desperdiciar. La pregunta es cuánto de ese entusiasmo podrá convertir en problemas para la Torre Infernal.
El estadounidense de raíces cubanas y mexicanas defenderá su campeonato superwelter del Consejo Mundial de Boxeo el 17 de octubre, en The Chelsea del Cosmopolitan de Las Vegas. Fundora presenta balance de 24 victorias, una derrota y un empate, con 16 nocauts; el albanés llega con 23 triunfos, ocho por la vía rápida, y una igualada.
Es una defensa obligatoria, aunque esa condición administrativa todavía no nos dice qué tan competitiva será cuando suene la campana.
ES FÁCIL CAER EN EL FACILISMO
Mi primera lectura favorece claramente al campeón. Fundora ha trabajado contra una oposición superior y viene de detener a Chordale Booker, Tim Tszyu en la revancha y Keith Thurman.
Esa secuencia tiene valor porque habla de continuidad ante rivales con recursos diferentes. A estas alturas, reducirlo a un hombre extraordinariamente alto sería desconocer cuánto ha aprendido y cuánto cuesta soportar su ritmo.
La particularidad de Fundora siempre ha sido que su cuerpo sugiere una pelea y su temperamento muchas veces propone otra. Uno mira esos brazos y piensa en un campeón que debería mantener al adversario lejos durante toda la noche.
Sin embargo, él también disfruta el intercambio cercano, donde puede encadenar golpes al cuerpo y uppercuts. Ahí resulta incómodo por una razón menos evidente que la estatura: el rival consigue entrar y descubre que todavía tiene mucho trabajo por delante.
Contra Hadribeaj, me parece que la mejor decisión sería aprovechar primero la distancia. La ficha oficial coloca al campeón en aproximadamente 1.97 metros y al retador en 1.78, una diferencia considerable entre dos zurdos.
El jab puede obligar al albanés a iniciar sus ataques desde demasiado lejos y permitirle a Fundora escoger cuándo apretar. Regalar esa ventaja por las ganas de resolver temprano sería facilitarle al visitante una parte de la tarea.
UN DESCONOCIDO ILUSTRE
Tampoco conviene despachar a Hadribeaj como un desconocido que apareció por casualidad en las clasificaciones. Venció este año al previamente invicto Bakary Samaké, un resultado que ayuda a explicar su presencia en esta oportunidad titular.
Ahora bien, superar a un prospecto y destronar a un campeón establecido son exigencias distintas. El sábado deberá demostrar que puede ejecutar su boxeo mientras recibe una presión bastante mayor.
Si yo estuviera en su esquina, le pediría ataques breves, trabajo al cuerpo y salidas laterales. Entrar, conectar y quedarse admirando la obra parece una mala idea contra Fundora. También necesitaría hacerlo retroceder por momentos, aunque fuera con golpes que no lastimaran demasiado, para impedir que el campeón organizara toda la pelea caminando hacia delante. El desafío consiste en sumar puntos sin terminar atrapado en intercambios que favorezcan el volumen del estadounidense.
Sus ocho nocauts invitan a pensar que Hadribeaj dependerá más de la precisión y la disciplina que de un golpe salvador. Eso estrecha su camino, porque ganarle numerosos asaltos a Fundora exige repetir las buenas decisiones cuando ya pesan las piernas y arden los costados.
Pero tampoco debemos confundir un porcentaje modesto de nocauts con permiso para recibir golpes limpios. Ningún campeón debería necesitar esa aclaración; Fundora, menos que muchos.
UNA LEJANA HISTORIA Y UNA ADVERTENCIA
Brian Mendoza ya le dejó una advertencia suficientemente dolorosa. En abril de 2023 lo noqueó en el séptimo asalto y le quitó el invicto. Aquel resultado sigue siendo pertinente porque recuerda que la capacidad ofensiva de Fundora no elimina sus riesgos defensivos.
Cuando un peleador se siente cómodo atacando, puede tardar demasiado en reconocer el momento en que necesita protegerse. Eso no significa que Hadribeaj vaya a repetir la historia.
Para mí, el peligro más razonable empieza con una pelea incómoda: entradas que Fundora no consiga anticipar, golpes al cuerpo, pausas forzadas y asaltos cerrados que alimenten la confianza del aspirante. Si el campeón se desespera por ofrecer una actuación espectacular, podría conceder oportunidades innecesarias. Su obligación será distinguir entre presionar con orden y perseguir con ansiedad.
VENGA EL PRONOSTICO
Mi pronóstico es Fundora por detención en la segunda mitad. Lo veo con más herramientas para imponer un desgaste progresivo, reducir las salidas del albanés y obligarlo a trabajar cada vez más por cada golpe que conecte. Si Hadribeaj administra bien la distancia y conserva la compostura, una victoria amplia del campeón en las tarjetas también encaja en mi lectura. Me cuesta más encontrar un camino consistente hacia la sorpresa.
Por eso no la llamaría una pelea de puro trámite, aunque tampoco veo motivos para venderla como un duelo equilibrado. Fundora debe ganar y tiene argumentos sólidos para hacerlo con autoridad.
Lo interesante será comprobar si puede ejercer ese favoritismo con paciencia. La Torre Infernal ya conoce el precio de una noche que cambia en un instante; este sábado le toca demostrar cuánto aprendió de aquella factura.



