Shakur Stevenson rompe con Zuffa y deja en el aire su gran pelea con Devin Haney
El campeón anunció que obtuvo la liberación de su contrato sin disputar un combate con la promotora de Dana White. El fracaso de las conversaciones con Haney desemboca ahora en un cambio de rumbo para su carrera.
Shakur Stevenson terminó saliendo de Zuffa Boxing antes de subir a un cuadrilátero con sus colores. Una relación que comenzó con expectativas de grandes peleas acabó unos tres meses después, con el campeón buscando nuevamente quién pueda convertir las conversaciones en combates. Para un hombre acostumbrado a controlar las distancias, estos meses se le fueron esperando una fecha que nunca llegó.
El propio Stevenson anunció este lunes 19 de octubre que había solicitado la liberación de su contrato y que su petición fue concedida durante el fin de semana. Según explicó, llevaba ocho semanas en campamento preparándose para compromisos que no se concretaron. Dijo que no estaba enojado ni pretendía señalar culpables, pero decidió cambiar de rumbo. Su paso por la compañía terminó sin una sola presentación bajo su bandera.
La noticia le da otra dimensión al desencuentro con Devin Haney. Hasta hace unos días hablábamos de una pelea atascada entre el peso pactado, la rehidratación y el dinero. Ahora sabemos que Stevenson también estaba perdiendo la paciencia con la marcha de su carrera. No podemos atribuir toda la ruptura con Zuffa a esa negociación, pero el combate frustrado con Haney forma parte del escenario en el que tomó su decisión.
Lo de Haney había parecido al alcance de la mano. Después de discutir sobre las 144 y las 147 libras, ambos aceptaron públicamente las 145 como punto de encuentro. Aquel intercambio alimentó la ilusión de ver frente a frente a dos de los mejores técnicos de su generación. Sin embargo, todavía quedaban condiciones por resolver: el acuerdo sobre la báscula no significaba que el contrato estuviera terminado.
Entonces llegaron las acusaciones. Stevenson sostuvo que el abogado de Haney comunicó a última hora que Devin solamente pelearía en 147 libras. Haney respondió que había aceptado las 145, pero que Shakur dejó de responder durante varios días y trató de introducir una cláusula de rehidratación. Cada uno presentó al otro como responsable de desperdiciar meses de conversaciones. Sin los contratos y la correspondencia completa, sería demasiado cómodo escoger un culpable según nuestras simpatías.
La discusión tiene una lógica deportiva. Stevenson quiere controlar la diferencia física al enfrentar a un hombre establecido en el peso welter. Haney entiende que bajar de división ya representa una concesión y se resiste a aceptar restricciones adicionales sobre cuánto puede recuperar después del pesaje. Ambos buscan condiciones favorables. El problema aparece cuando esa búsqueda se prolonga tanto que termina consumiendo la oportunidad de pelear.
También estaba pendiente el dinero. Antes del rompimiento público, Mike Coppinger había señalado que las diferencias económicas eran el principal obstáculo. Por eso debemos tener cuidado con la explicación de que todo se perdió por dos libras. Las negociaciones tenían varios asuntos abiertos mientras el público comenzaba a imaginar una pelea que nunca llegó a anunciarse oficialmente.
Para Zuffa, la salida resulta un tropiezo visible. Incorporar a un campeón de la categoría de Stevenson supone presentar una credencial ante el boxeo; despedirlo sin haber organizado su debut deja una pregunta sobre la capacidad de transformar esa contratación en actividad. Eso merece examen, aunque sería exagerado utilizar un solo caso para dictar sentencia sobre todo el proyecto. La separación, además, fue presentada por el peleador sin una declaración de guerra contra la compañía.
Shakur anunció que quiere crear su propia promotora y trabajar con otras empresas dispuestas a llevar adelante sus planes. La idea le permitiría participar de manera más directa en las decisiones, pero también lo coloca ante una responsabilidad mayor. Tener el control de su carrera será valioso en la medida en que consiga rivales, fechas y continuidad. La libertad contractual abre posibilidades; después hay que convertirlas en trabajo sobre el ring.
Hay otro detalle que enfría las expectativas de un encuentro inmediato con Haney. Stevenson afirmó que sus prioridades están en las 135 y las 140 libras, y que podría llegar a las 147 dentro de uno o dos años, cuando él considere oportuno. Mi lectura es que esas palabras alejan la posibilidad de aceptar ahora el límite completo del welter. Su nueva condición contractual puede facilitar conversaciones, pero no elimina la diferencia de criterio sobre el peso.
Stevenson tiene derecho a decidir cuándo subir y con quién asociarse. También tiene razones para exigir actividad después de una victoria de tanto valor como la que consiguió sobre Teófimo López en enero. Precisamente por eso necesita aprovechar lo que hizo aquella noche. Un triunfo así debe abrir una etapa de grandes desafíos, y la espera prolongada amenaza con enfriar el impulso que tanto esfuerzo costó construir.
La pelea con Haney puede recuperarse algún día, pero hoy no parece prudente seguir esperándola como si solamente faltara escoger el recinto. Shakur ha cambiado de rumbo y ahora debe demostrar que esa decisión lo acerca a los combates que busca. Ya conocemos su talento para hacer fallar a un rival. Lo que hace falta es volver a verlo frente a uno.



