Yoel Romero salió de Manchester convencido de que había ganado y con ganas de volver a pelear. La decisión favorable a Darren Till le dejó un mal sabor, pero unos días después, mientras disfruta de unas vacaciones con su familia en Inglaterra, el cubano habla con un entusiasmo que sorprende. A los 49 años, todavía encuentra razones para exigirse y cree que los cambios en su preparación pueden abrirle nuevas posibilidades.
«Aparte del mal sabor de lo que sucedió en la pelea, yo estoy contento. Mi equipo está contento porque vimos un avance positivo del proyecto que se viene», expresó Romero en entrevista con Serebro en los Deportes. «La mano no se levantó, pero todo es muy positivo».
Hay que escucharlo para entender cuánto le importa esa última parte. Romero puede detenerse en los detalles de una noche que considera injusta, discutir lo sucedido antes del combate y reclamar por lo que vio dentro del ring. Sin embargo, cuando habla del campamento, cambia el tono. Ahí aparece el competidor que acaba de comprobar algo que necesitaba saber y quiere explorar hasta dónde puede llegar.
«Este es el principio de algo muy grande que se viene, de algo muy, muy positivo», aseguró.
Por ahora, ese entusiasmo no viene acompañado de un rival, una fecha o una organización confirmados para su siguiente presentación. Romero habla de un proyecto en desarrollo, sostenido en cambios de entrenamiento, alimentación y disciplina. Manchester fue la primera prueba competitiva de ese trabajo, y el resultado de los jueces no borró lo que él y sus entrenadores encontraron en el proceso.
HACER EL PESO, PRIMERA VICTORIA
Uno de los puntos centrales fue el peso. Según explicó, su colectivo analizó la posibilidad de competir entre las 185 y las 195 libras y decidió comenzar con una prueba en las 190 para el enfrentamiento con Till.
Antes de aceptar que ese camino podía funcionar, el propio Romero tuvo sus dudas. Después de tantos años en el deporte, también le tocó escuchar y dejarse conducir.
La respuesta de su cuerpo terminó por convencerlo. Romero cuenta que mantuvo sus comidas y siguió tomando agua hasta el día anterior al pesaje, y que llegó sin las molestias que temía encontrar. Para un atleta de su edad, obligado a evaluar con cuidado cada esfuerzo, esa experiencia tiene un valor que va mucho más allá de cumplir con una cifra en la báscula.
«Yo no me cansé nunca haciendo el peso. No hubo un músculo que se engarrotó por falta de líquido», afirmó. «Nos quedamos boquiabiertos con la forma en que mi cuerpo respondió al plan de entrenamiento».
TRABAJADOR INCANSABLE
La declaración más reveladora, sin embargo, tiene que ver con su disposición para trabajar. Un hombre que ha pasado buena parte de su vida entre colchones de lucha, gimnasios y escenarios de combate sostiene que este pudo haber sido su campamento de mayor disciplina. También admite que quiso comprobar si sus entrenadores estaban equivocados y terminó reconociendo que las dudas eran suyas.
«Después de tantos años, yo creo que este ha sido el campamento de entrenamiento con más disciplina que yo he tenido», comentó. «Yo estaba mal».
Esa capacidad de aceptar una corrección ayuda a entender por qué Romero sigue buscando caminos. Tiene una trayectoria suficiente para aferrarse a lo conocido, pero habla de ajustes, de aprender y de probar. Su confianza nace de haber cumplido un programa y sentirse capaz de responder. Habrá que ver cómo se traduce eso en sus próximas actuaciones, aunque por lo pronto le ha devuelto una convicción que cualquier deportista necesita para regresar al gimnasio.
El agradecimiento lo extiende a sus entrenadores, al nutricionista y a su familia, a la que atribuye un papel primordial durante la preparación. Describe un grupo involucrado en el mismo propósito, donde cada cual cumplió su responsabilidad. La derrota oficial les dolió precisamente porque sentían que habían hecho bien el trabajo.
«Estamos muy entusiastas todos, todo el equipo», dijo. «Cada cual hizo muy bien su papel. Lo que se le designó a cada cual hacer, cada cual lo hizo a cabalidad».
EL RESULTADO QUEDA EN EL RECORD
Manchester, por supuesto, sigue ahí. Till recibió la victoria por decisión unánime en el evento BKFC 94 del 26 de septiembre, con tres tarjetas de 49-46, un veredicto que provocó cuestionamientos entre quienes consideraron que Romero había hecho lo suficiente para ganar. El cubano no tiene dudas sobre su propia lectura del combate.
«No me ganó. Claro que no, no me ganó», sostuvo.
Romero reclama que no se contabilizó como caída una acción del tercer asalto y asegura que advirtió al árbitro sobre cabezazos durante el enfrentamiento. También relata desacuerdos previos acerca del momento en que debían realizarse los controles antidopaje.
Según su versión, insistió en que ambos fueran examinados después del combate, y las discusiones llegaron a poner en peligro la celebración de la pelea. Reconoce que todo aquello afectó su concentración.
Pero incluso al repasar sus diferencias con Till, termina hablando de lo que todavía puede ofrecer. Le recuerda al británico la distancia de edad entre ambos y cuestiona que no pudiera cumplir con los pronósticos que había hecho antes de subir al ring.
«Tú tienes treinta y pico años y yo voy a cumplir 50. Yo tengo 49 años», expresó. «Tú te quedaste debiendo muchísimo con tu afición. Tú te quedaste debiendo muchísimo a lo que tú dijiste».
Hay orgullo en esas palabras y también una medida de su ambición. Romero continúa evaluándose como un competidor al que hay que vencer de verdad, con argumentos dentro del ring. La cercanía de los 50 no aparece en su conversación como una invitación a despedirse. La menciona para poner en perspectiva lo que acaba de hacer frente a un adversario mucho más joven.
AFERRADO A LA FE
Su fe ocupa un lugar importante en la manera de procesar la frustración. Habla de perdonar, de pedir perdón y de soltar las cargas que después uno arrastra al entrenamiento. En su caso, esa convicción religiosa se conecta con algo muy concreto de la vida deportiva: llegar al gimnasio con la cabeza en condiciones de trabajar.
«Cuando tú sueltas esas cargas, tú vas a entrenar y todo es armonía. Y cuando todo es armonía, tú entrenas mucho mejor», explicó.
Por estos días tiene una semana adicional de vacaciones y tiempo para compartir con los suyos antes de retomar el trabajo. Todavía queda por conocer qué forma tomarán sus nuevos planes. Lo que sí dejó claro es que la experiencia frente a Till alimentó sus deseos de continuar.
«Esta pelea me ha servido muchísimo para seguir creyendo que estamos bien», afirmó.



