Yoenli Feliciano Hernández quiere pelear por un campeonato mundial, pero todavía le falta algo que la preparación por sí sola no puede garantizarle: un rival y una fecha.
Mientras su equipo intenta despejar el camino, el mediano cubano sigue entrenando con la esperanza de que la oportunidad llegue antes de terminar el año, aunque ya contempla que deba esperar hasta 2027.
Presente en el Caribe Royale de Orlando para apoyar a su compañero de gimnasio Ronny Álvarez, Hernández conversó sobre esa incertidumbre que acompaña sus aspiraciones.
Cuando se le preguntó por las dificultades para enfrentar a los principales nombres de la división, resumió su frustración con una frase que dejó poco espacio para las interpretaciones: «Muchos no me quieren dar la oportunidad».
El cubano no señaló a un adversario en particular ni atribuyó razones específicas a quienes todavía no han compartido el cuadrilátero con él. Prefirió hablar desde la paciencia, por mucho que esta resulte difícil para un peleador que desea avanzar.
«Solo Dios sabrá cuándo es el momento», expresó, consciente de que su tarea comienza en el gimnasio, pero necesita de acuerdos fuera de él para convertirse en una pelea.
La incorporación de Denzel Bentley a Zuffa Boxing ha añadido incertidumbre al combate que la Organización Mundial de Boxeo había ordenado entre ambos. Para Hernández, la pregunta ahora es cómo continuará su recorrido hacia el título, una respuesta que deja en manos de su equipo y de Warriors Boxing.
Por el momento, evita escoger públicamente otro nombre o lanzar un reto que no venga acompañado de una posibilidad concreta.
«Aquí estaremos nosotros siempre preparándonos al cien, como siempre hemos hecho», afirmó.
Su deseo de coronarse antes de que termine el año sigue vigente, aunque admite que el calendario puede obligarlo a trasladar esa meta a 2027. Esa disposición a esperar no elimina la urgencia deportiva de encontrar un combate que le permita acercarse al campeonato; simplemente expresa cómo piensa afrontar un proceso sobre el que no tiene todo el control.
Hernández también tuvo que mirar hacia atrás, a su última presentación ante el argentino Francisco Verón y a la tarjeta de empate que provocó inconformidad entre quienes lo vieron ganar con claridad.
Lejos de dedicar su respuesta a cuestionar al juez, el cubano prefirió reconocer a un adversario que llegó dispuesto a exigirlo y explicar por qué quedó satisfecho con lo ocurrido sobre el ring.
«Me gustó cómo quedó la pelea. Fue una pelea que el hombre vino también a pelear», comentó.
Para Hernández, aquel encuentro ofreció una respuesta a quienes querían verlo ante alguien capaz de sostener los intercambios y poner a prueba su reacción. «Muchos fanáticos estaban esperando para ver si yo echaba para atrás y no fue así», aseguró al describir el combate como «un choque de trenes». En su valoración pesó el objetivo cumplido: «Al final logramos lo que nosotros queríamos».
En Orlando pudo vivir la competencia desde otro lugar, acompañando a Álvarez y observando cómo su compañero trasladaba a la pelea el trabajo del campamento.
«Se preparó bastante bien para esta pelea», señaló Hernández, quien destacó que el prospecto ejecutó lo ensayado en el gimnasio y lo convirtió en una victoria. Su pronóstico fue tan directo como entusiasta: «Ahí tenemos un futuro campeón».
Hernández comparte esa aspiración, aunque su recorrido se encuentra en un punto distinto. Mientras Álvarez suma experiencias para construir su futuro, el mediano espera que las gestiones de su equipo le permitan disputar el título que persigue.
Hasta que aparezcan el nombre y la fecha, seguirá preparándose para que, cuando finalmente llegue la oportunidad, la espera no lo encuentre lejos de su mejor versión.



